El libro que me ha ocupado más últimamente es «An der Zeitmauer» de Jünger. Para decirlo en seguida: es un libro sumamente inteligente y bueno que he leído con el placer con el que se ven confirmados sentimientos e ideas propios por un hombre más competente. Con lo que no quiero decir, desde luego, que yo hubiese tenido también las ideas principales y fundamentales de Jünger. El libro es un análisis sobre el malestar de la humanidad actual, especialmente la occidental. Quiero indicar primero en qué medida compartía las ideas de Jünger sobre la situación actual de la humanidad antes de la lectura de su libro. Para él, como para mí, la hora del mundo se explica como final de una era, la del hierro según la mitología antigua, que en este punto coincide casi con la india. Vivimos en el otoño tardío de un eón, en un mundo a punto de desaparecer, que se disuelve, que para muchos se ha convertido en un infierno, que para casi todos es desapacible y cuyas amenazas aumentan constantemente. No importa que el plazo hasta que concluya este proceso dure aún siglos, décadas o años, que la catástrofe final se produzca como suicidio de la humanidad en una guerra atómica, como naufragio de la moral y la política, como aplastamiento del ser humano por su máquinas: nos hallamos de camino hacia ese momento en el que según las ideas hindúes el dios Shiva destruye el mundo en una danza para hacer sitio para una nueva creación. Vemos consumirse la historia universal, es decir la historia de nuestra era, en formas estatales hipertróficas, en batallas de material absurdas, en el exterminio de innumerables especies animales y vegetales, en el marchitamiento de lo que es bello y reconfortante en las ciudades y los países, en el hedor de las fábricas, en la enfermedad de las aguas y en la no menor enfermedad y desecación de las lenguas, de los valores, las pa...
600 g de alcachofas limpias (pueden ser congeladas)
300 g de espinacas (pueden ser congeladas)
1 cebolla grande
La parte blanca de un puerro
4 cucharadas de aceite de oliva (60 ml)
1 l de caldo de verdura, de pollo o agua
200 ml de leche evaporada o nata líquida para cocinar
150 g de parmesano rallado o en escamas
Sal
Pimienta
Versión para 2 personas
200 g de alcachofas limpias (pueden ser congeladas)
100 g de espinacas (pueden ser congeladas)
1 cebolla mediana
La parte blanca de un puerro
2 cucharadas de aceite de oliva (60 ml)
333 ml de caldo de verdura, de pollo o agua
70 ml de leche evaporada o nata líquida para cocinar
50 g de parmesano rallado o en escamas
Sal
Pimienta
Preparación
Si usamos alcachofas congeladas, dejarlas descongelar de un día a otro en la nevera.
Pelar y picar la cebolla. Quitar las capas superiores del puerro -las que estén más secas- y picarlo (ninguna de las dos cosas tienen que quedar demasiado finas). Pochar ambas cosas con el aceite y un poco de sal en una olla con suficiente capacidad para contener toda la crema.
Cuando empiecen a transparentar, añadir las alcachofas troceadas, subir un poco el fuego a medio y darles vueltas durante unos 10 minutos, hasta que se doren un poco.
Añadir el caldo y llevar a ebullición. Pasados 12 minutos, añadir las espinacas y la leche evaporada o nata y cocinar cinco minutos más.
Triturar la crema y pasarla por un colador chino o de malla media para eliminar las fibras de la alcachofa. Rectificar de sal y pimienta y servir con el parmesano integrado en la crema o por encima (y un poco más de pimienta).
Corpore in sepulto Buen día. Las mañanas se inician con la recepción del móvil nuevo de Esther, un Redmi Note 8, 150 pavos, un pepino de 4 Gb de RAM y 64 Gb de ROM, etc. Son casi las diez. Preparo guisantes con chorizo y salgo a la calle pertrechado con mi mochila; primera etapa en casa de Feli, para dejarle un tupper de guisantes; segunda etapa a Sani para llevarle al enano su ración. Voy en metro hasta Deusto y de allá a Sani caminando por la orilla de la ría. Super bien. En casa de Sani está el canijo con sus cosas de profesor de inglés. Me demoro pocos minutos y regreso al metro. Me bajo en la parada de Berastegui para dejarme caer por el Decathlon, a fisgar sin más; pero algo cae: un cinturón y un otro cinturón con compartimento para móvil o similar. De allá, caminando por la orilla del Guggen voy hasta Zubiarte a chafardear por allí; no compro nada. Y de seguido a la dentista; me está tomado las medidas para colocar el puente. En un pispas Susana me despacha y vuelvo a la calle. Estoy ligeramente cansado de caminar, así que regreso a Santutxu en metro. De camino a casa compro un pollo asado y en la frutería una lechuga. El resto del día en casa. 15000 pasos. A tope
El primer paso que vas a tener que realizar es pelar bien las patatas, es importante que cuando ya estén listas las laves con abundante agua.
Acto seguido, tienes que cortarlas. La mejor manera de hacerlo para esta receta es en rodajas un poco gruesas. Así, se harán mucho mejor y rellenarlas será mucho más sencillo.
Lo siguiente es buscar un recipiente que puedas meter en tu microondas, cuando ya lo tengas debes poner las patatas dentro y echarles una pizca de sal, sin pasarte, ya que el jamón serrano también aporta salinidad.
Cuando ya les hayas echado la sal, tienes que tapar el recipiente con papel transparente e introducirlo en el microondas. Tiene que estar a máxima potencia y durante un tiempo de 5 minutos.
Después de que hayan pasado los 5 minutos tienes que sacarlas; no te preocupes si les falta cocción, ya que se la darás después. En este paso tienes que secar bien el recipiente con papel de cocina y acto seguido untarlo bien con mantequilla.
Ahora ya vas a poner el resto de los ingredientes. Lo primero que tienes que colocar son las patatas, échales por encima un poco de pimienta negra, a tu gusto; el orégano, el jamón serrano y el queso rallado.
A continuación, tienes que cortar láminas muy finas de mantequilla para ponerlas por encima de todos los alimentos. Todo esto repítelo en capas, hasta que el recipiente esté lleno.
En el último paso tienes que volver a meter el recipiente en el microondas, pero esta vez no tienes que taparlo. En otros 5 minutos tendrás las patatas listas.
El truco final Ya sabes cómo hacer patatas al microondas, ahora te vamos a dar un consejo para que te queden perfectas. Lo más importa...
Pon en remojo los garbanzos en abundante agua fría con sal la noche anterior, al menos durante 12 horas.
Al día siguiente, o pasado el tiempo de remojo, pon a cocer los garbanzos en un litro de agua, con la hoja de laurel y dos dientes de ajo pelados. Esto puede hacerse en olla exprés para ganar tiempo, dejando cocer unos veinticinco minutos después de que suba la válvula.
Mientras tanto, pon el aceite en una sartén y, cuando esté caliente, añade dos dientes de ajo enteros y pelados, friendo a fuego medio hasta que estén dorados. Retirar los ajos y resérvalos.
Añade las dos cebollas picadas finas y sofríe a fuego suave hasta que esté pochada. Deja enfriar un poco y añade una cucharadita de pimentón removiendo.
Pásalo por la batidora.
De la olla donde has cocido los garbanzos, retira la hoja de laurel y los dientes de ajo. Pon de nuevo al fuego y cuando esté bien caliente añade el sofrito, las hojas de espinaca y rectifica de sal. Cuece unos quince minutos a fuego medio.
En un poco de aceite, en una sartén, fríe el pan y mezcla en un mortero con los ajos fritos; añade el majado al guiso y el bacalao en trozos pequeños y deja cocer otros diez minutos.
El truco final El uso de la olla exprés para este tipo de guisos es siempre un buen recurso a la hora de cocinar; nos reducirá enormemente los plazos. Si no dispones de tiempo o se te ha olvidado poner en remojo la legumbre, usa garbanzos de bote. Te sorprenderá positivamente el resultado.
Para hacer esta crema de boletus con huevo poché, lo primero que haremos es preparar un caldo que nos servirá de base para la crema. Ponemos una cebolla, un puerro, un apio, un nabo –todos limpitos y troceados-, junto con las tres carcasas de pollo en un litro de agua a hervir durante 30 minutos. Pasado este tiempo, colamos.
Por otro lado, limpiamos un puerro de sus hojas exteriores, las raíces y la parte más verde de las hojas hasta quedarnos con el corazón más blanquito. Lo picamos finamente.
Acercamos una olla al fuego con aceite de oliva virgen extra y sofreímos el puerro a fuego lento durante 8 minutos.
Pelamos la patata, la cortamos a cuadros y la sofreímos con el puerro 8 minutos más.
Mientras, cepillamos los boletus y los limpiamos con un trapo húmedo para quitar las hierbas y tierra. Es importante hacerlo con un cepillo o con un paño húmedo pero sin lavarlos jamás con agua, o se echarían a perder.
Una vez limpios, los picamos y los sofreímos junto a las patatas y puerro durante 8 minutos.
Añadimos el caldo y dejamos hervir durante 10 minutos. Salpimentamos y pasamos por la batidora. Aquí puedes elegir entre pasar toda la crema para obtener una textura fina, o bien dejar trozos de los boletus sin pasar, para que se vean al comer.
PARA EL HUEVO POCHÉ
Ponemos un cazo pequeño con agua y un chorro de vinagre a hervir a fuego medio.
Vertemos un huevo en una taza pequeña.
En el momento en que el agua rompa a hervir, removemos el agua hacia una dirección creando un remolino.
Añadimos el huevo desde la taza en el centro del remolino.
Allá voy, soportando con firme propósito el persistente malestar en mi rodilla. No importa, caminaré y caminaré. Esta mañana he ido en metro hasta Deusto, aunque el destino fuera San Ignacio. El compromiso andarín no admite excusas. Desde Deusto hasta casa el recorrido a la vera de la ría me agrada, me distrae. Esta mañana en mis cascos sonaba Michael Franks; me coloca en un estado tranquilo y optimista, como me gusta. Al salir del metro he pasado por el Flying Tiger a echar un vistazo; en el fondo acariciaba la idea de comprar material para el dibujo; han caído en mis garras unos rotuladores gruesos y un cuaderno para bocetear; je. He subido a casa; me he comprometido con Raquel a echar una mano a Esther en un tema de colocación de lámparas, un tema que parece ser farragoso por algún problema de continuidad eléctrica (parece ser que hay un culpable: Jorge). Y para operar con más garantía de éxito me ha parecido buena idea coger de casa el tester; sin más. La vuelta ha sido un reflejo de la ida. Al llegar a Santutxu me he pasado por el punto de recogida de Amazon en el negocio de tintas de impresora ¿negocio? a recoger dos cables para la guitarra y el pedal de loops que me regaló Tachón por Reyes; aún no lo he probado (un cierto respeto). Entre una cosa y otra he cumplido con el objetivo de los 10.000 pasos diarios; ah, y esta mañana he hecho un poquito de abdominales etc, un poquito eh. Esta tarde he conectado por vez primera mi pedal de loops. Tiene su aquel, pero al menos he conseguido hacerlo sonar y he probado unas cuantas cosillas. Me he cansado a los pocos minutos; mañana más. Y el resto de la tarde, desde las seis más o menos hasta las ocho lo he pasado leyendo y escribiendo... NADA de TV en todo el día, ni encenderla he hecho !!! Ahora a esperar a que llegue Raquel para cenar unas vainas a mi estilo.
En bol macerar los orejones y las ciruelas con el vino rancio.
Salpimentar el pollo. En un cazo, calentar el aceite y dorar las piezas de pollo. Añadir el ramillete de hierbas aromáticas y la cebolla.
Añadir la rama de canela, el tomate triturado y el jugo resultante de la maceración de los frutos secos. Remover. Agregar el agua y cocer durante unos minutos.
Agregar los piñones y cocer durante unos 10 -15 minutos adicionales.
Trucos:
* Es importante macerar los orejones y las ciruelas en el vino rancio para aportar el dulzor tan característico a esta receta.