 Hoy el despertar ha adelantado su horario habitual. Serían las 5 y poco cuando me he cansado de darle al coco en la cama y me he levantado con sensación de gran empuje; supongo que tiene bastante que ver con mi actual estado anímico el hecho de haber dejado aparcado el tabaco y también el tener más controlado el consumo de alcohol. Como todas las mañanas, tras dar de comer al chaval, me he sentado tranquilamente ante mi PC a consultar el mundo, mientras he ido dando cuenta con deleite de una gran taza de café con leche; y un par de visitas al doctor Roca, ya se sabe, y con gran éxito también. Esta mañana Raquel está muy reconcentada en sus labores telefónicas, ya que tiene que preparar un PowerPoint para hacer una presentación a unos becarios en lo que resumirles con claridad su actividad y la de su gente; lo típico que a Raquel se le da bien. Al de un par de horas ya tiene aquello bien encaminado y se la nota más relajada y bastante satisfecha, ufana. Motivado por la amanecida me he puesto en marcha. Lijado de uñas, ducha, afeitado y aplicación de pomada en las delicadas uñas de mis pies. EL primer destino ha sido el estanco: Raquel me ha pedido con muchos mimos que le comprara tabaco; en fin. Se lo he subido y me he vuelto a bajar a la calle, esta vez a la frutería a comprar muchas mandarinas, unos plátanos, champiñones y dos docenas de huevos (jeje); y he subido las compras a casa, las he colocado en sus lugares habituales y he preparado el carrito para llevar las sábanas recién lavadas y aún mojadas a la lavandería de la calle Santutxu, que probamos hace unas semanas y que nos sugirió la idea de llevar allá las coladas que requirieran un secado adecuado en temporadas de mucha humedad ambiente, como es el caso. Y a la lavandería que me he ido con mi carrito, el móvil y mis cascos; hoy he descubierto por casualidad un álbum de George Harrison, el "WonderWall Music", que he leído que encantó a su hijo, y que me ha parecido (y me sigue pareciendo) una de... leer más |