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41 La casa del ahorcadolunes, 22 de marzo de 2021 Mientras Juan Soto Ivars siga opinando, la cosa no puede estar tan mal. El columnista y escritor lleva años asomándose a los bordes del sentido común, avistando censuras, cancelaciones, excesos bienintencionados y tonterías de toda laya que pasan por modernidad y solo consiguen hacer callar a alguien. Su labor diaria es fundamental: contemplar la degeneración de los valores clásicos, denunciarlo y asumir las consecuencias. Como todavía no le han domesticado, ya digo, podemos alarmarnos lo justo. Ahora entrega un largo trabajo, sólido y chispeante, sobre la noción que agrupa toda la deriva ofendidita de nuestro tiempo: el tabú. Hablamos con él sobre 'La casa del ahorcado' (Debate) por correo electrónico.
***PREGUNTA En la solapa de tu libro se lee: "Tiene un hijo y desde ese momento todo lo demás le da un poco igual". Es una buena forma de desmitificar la propia publicación de un libro, para empezar.
RESPUESTA Lo que he descubierto es que la comparación entre tener un hijo y escribir un libro es una soberana gilipollez. Un libro lo puede escribir cualquiera; criar un hijo es otro cantar.
***PREGUNTA ¿Ahora con hijo te sientes más vulnerable o más fuerte frente a la crítica y las polémicas? Te juegas, como suele decirse, su pan.
RESPUESTA Me noto fuerte porque ahora soy padre de alguien, que es muy diferente a seguir siendo hijo de alguien, en primer lugar porque ya no eres tú el ombligo del mundo. Esta atenuación del narcisismo la he notado, por ejemplo, cuando Cristina Fallarás decide que le conviene acusarme de maltratador y violento en Twitter por un artículo mío justo cuando está promocionando su libro, ¡qué casualidad! Antes de tener a Alejandro, ese episodio me hubiera podrido unos días, pero me pilló cambiando pañales, y dije: ¡a su salud! Me noto fuerte porque ahora soy padre de alguien y ya no soy el ombligo del mundo
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42 Napoleón en Españasábado, 20 de marzo de 2021 :format(jpg)/f.elconfidencial.com%2Foriginal%2Fad5%2F010%2Faa5%2Fad5010aa55c7c20136cb078d3718f8b8.jpg) España, la tumba de Francia
Uno de los estrategas más famosos de todos los tiempos mordería el polvo ante un pueblo en decadencia, sin referencias políticas ni liderazgo y en una nación colapsada por las deudas. Mientras los buitres sobrevolaban con cadencia circular aquellos despojos, a cada giro que describían planeaban más bajo. Finalmente, cerca de dos docenas de ellos se aposentaron sobre los cadáveres de los fenecidos mientras picoteaban indecentemente, con impunidad, las vísceras de los fallecidos o futuros interfectos, pues había muchos moribundos indefensos ante la pérdida de sangre y de consciencia. Una columna francesa había sido masacrada en una emboscada en algún lugar remoto entre Navarra y La Rioja. Aquella desgraciada “troupé” iba cantando la Marsellesa con buen tono hasta que de unas inocentes balas de paja situadas a una distancia prudencial de la vera del camino, comenzaron a salir unos destellos de muerte que en un abrir y cerrar de ojos acabaron con el entero convoy de suministros que iba en dirección a Zaragoza. Fue visto y no visto. Ese día Francia sumaría al centenar de bajas de sus combatientes, otros dos centenares de viudas y huérfanos; así estaban las cosas.
Napoleón reconoció tardíamente que la invasión de España fue la causa del deterioro de su halo de invencibilidad Muchos grupos armados o partidas por calificarlos de alguna manera, surgían de la nada en ataques relámpago de una contundencia inapelable mientras causaban verdaderos estragos al formidable invasor, que a traición había hollado el suelo patrio. Tras esta dura experiencia, los rusos, los alemanes y los ingleses, le perderían el respeto al pequeño corso de la mano en el píloro.
Napoleón, durante su exilio, reconoció tardíamente al coronel al mando de la guarnición de la isla de Santa Helena donde estaba confinado, que la invasión de España fue la causa del deterioro de su halo de invencibilidad.
Sujetos con espesas b...leer más | #españa - #napoleon - #independencia
43 Ross Douthatdomingo, 24 de enero de 2021 :format(jpg)/f.elconfidencial.com%2Foriginal%2F9b8%2F0d8%2Fcf1%2F9b80d8cf1054b0ef9a30795a6d87dc08.jpg) Sin sexo ni ambición: por qué según Ross Douthat "la decadencia puede durar mucho tiempo"
El periodista estadounidense defiende en 'La sociedad decadente' que el estancamiento de Occidente amenaza con extenderse a todo el planeta.
El cuerpo sin vida de Geoffrey Weglraz apareció en un coche aparcado en el East Village de Nueva York en el verano de 2018. Llevaba allí una semana pero nadie le había echado de menos. Nacido en los 50 en una familia numerosa, fue un niño feliz obsesionado con la carrera espacial, se casó y tuvo un hijo. En torno al cambio del milenio, ya divorciado, se quedó sin su trabajo de programador informático. Algo más ocurrió después. En 2013 le dieron el pedido equivocado en un McDonalds, regresó enfadado a reclamar y acabó por arrojar su hamburguesa a una empleada que resultó estar embarazada. La historia viralizó y su nombre quedó asociado en Google a aquella infamia. Intentó cambiar de identidad, trató de buscar trabajo hasta que, desesperado, compró veneno por internet. Y así la primera entrada asociada a su nombre en el buscador fue al fin sustituida por la de su suicidio.
Una historia deprimente que para el periodista estadounidense Ross Douthat ilustra el arco generacional de los 'baby boomers', la generación que protagonizó en su juventud y primera madurez la época de mayor progreso y bienestar de la historia de Occidente y que observa hoy cómo el polvo de la decadencia se extiende por todo el planeta y enferma de silicosis el porvenir. En 'La sociedad decadente' (Ariel), traducido ahora al español por Beatriz Ruiz Jara, Douthat afirma que hemos entrado en barrena, víctimas de nuestro propio éxito; y dibuja una sociedad estancada económicamente, incapaz de innovar más allá de los intangibles reinos virtuales, poblada por viejos numerosos que no arriesgan y jovenes escasos y célibes absortos en el porno, el Fortnite y la enésima cinta de Marvel o 'Star Wars', una pesadilla rosa &... leer más | #occidente - #entrevista - #decadencia - #pendiente
44 El Realejo granadinojueves, 06 de agosto de 2020  Estar situado a los pies de la Alhambra ya es privilegio. Y contar con un gran pasado judío, otro. Estamos hablando de uno de los barrios más antiguos de Granada, Realejo-San Matías, al que popularmente se le conoce como el Realejo.
Los musulmanes lo llamaban Garnata al-Yahud, es decir, Granada de los judíos, y hoy esa herencia sefardí es apreciable en todas sus calles y rincones. Para empezar, en la estatua del traductor judío, médico, filósofo y poeta judío Yehuda Ibn Tibon, que es quien preside la entrada al barrio desde la calle Pavaneras.
CAMPO DEL PRÍNCIPE Lo preside una estatua del Cristo de los Favores, pero ya del siglo XVII. En época nazarí se llamaba Campo de la Loma y en él se celebraban actos públicos y festejos ecuestres. Ya en 1497 se convirtió en la plaza más amplia de Granada y en ella empezaron a tener lugar juegos de cañas y toros, justas y hasta autos de fe. Hoy es un espacio relajado y popular lleno de terrazas en las que tomarse algo.
PLACETA PUERTA DEL SOL Desde esta placeta (llamada del Sol por tener su entrada orientada al saliente y su salida, al poniente) podrás disfrutar de unas vistas estupendas de la catedral de Granada. Solo tienes que asomarte a su mirador. También encontrarás en ella un lavadero del siglo XVII creado con columnas toscanas de piedra de Sierra Elvira, armadura de madera y cubierta de tejas árabes. En su día, las mujeres del barrio lavaban en él su ropa. Puedes acceder a la placeta subiendo por el callejón del Cementerio de Santa Escolástica, por detrás de la casa de los Tiros.
CORRALA DE SANTIAGO La corrala de Santiago es una casa con un patio central y varias galerías en altura en las que vivían numerosas familias y compartían algunas estancias. Actualmente es residencia oficial de la Universidad de Granada y en ella se realizan multitud de eventos y conciertos.
MUSEO CASA DE LOS TIROS Toma su nombre de los mosquetes que aparecen entre las almenas de este edificio del sigl... leer más | #andalucia - #granada - #realejo - #paravisitar
45 Columna de opinión en la VANGUARDIAlunes, 27 de julio de 2020 San Agustín sabía lo que era el tiempo, pero no sabía explicarlo si alguien se lo preguntaba. El tiempo pasa este año de extrañas maneras. Y su paso pesa. Atrás quedan 99 días de estado de alarma y 37 de lo que se ha convenido en llamar nueva normalidad. Hemos pasado de estar tutelados en confinamiento a recuperar espacios de libertad y ser corresponsabilizados: de tu conducta depende el destino de todos, como decía Alejandro Magno. De estar doblegando la curva de la Covid-19, a ver cómo proliferan los rebrotes y vuelven las fases. De planear qué haríamos al recuperar la libertad, a cancelar vacaciones o a acercar el destino a nuestro domicilio mientras el temor a pasarlas confinados como la Semana Santa pasada revolotea como un mantra por nuestra mente. Porque el virus ni se ha ido ni desaparecerá de la noche a la mañana. La gripe asiática y la de Hong Kong, las pandemias precedentes que más se asemejan a la actual, estuvieron dos años con nosotros: entre 1957 y 1959 y 1968 y 1970, respectivamente. Pero su eco mediático fue escaso pese a causar cuatro millones de muertes cada una.
Vamos a convivir mucho tiempo con el nuevo virus, y bueno es que lo asumamos. John Lennon decía que la vida es el tiempo que pasamos haciendo planes. Y, entre plan y plan, olvidamos vivir el presente, el tiempo que permite que exista el pasado y, al dejar de serlo, nos sitúa en el futuro. Un futuro que algunos científicos quieren prevenir, entre ellos quienes en el 2018 bautizaron a la hoy Covid-19 como Enfermedad-X. La veían venir. Y ven venir otras dos: la Enfermedad Y y la Enfermedad Z. Peter Daskak, uno de esos científicos, lidera el Proyecto Viroma Global, que tiene como objetivo crear un atlas de los virus que habitan en la Tierra para el 2028. Estima que hay 1,68 millones de virus escondidos en animales salvajes por descubrir, de los que entre 631.000 y 827.000 son potencialmente peligrosos para el ser humano porque podrían dar lugar a nuevas pandemias. Intentarán evitarlas p... leer más | #einstein - #covid
46 Hacia la catástrofe rusa: Kritchevskilunes, 05 de febrero de 2018  Hacia la catástrofe rusa: cartas desde Petrogrado al periódico L'Humanité Kritchevski
La Revolución de Octubre, «diez días que conmovieron al mundo», suscitó una ilusión, la de la aparición de un hombre nuevo y de un mundo nuevo. En Francia esta ilusión duró más que en otros lugares. Sin embargo, ya en 1917 se habían pronunciado testigos irrefutables, entre ellos Boris Kritchevski (1866-1919). Militante socialista ruso, cuyas simpatías políticas no alteraron su lucidez, colaboraba desde hacía varios años con L'Humanité cuando sus competencias le destinaron naturalmente a "cubrir" los acontecimientos de Petrogrado. Todas sus columnas anteriores al golpe "bolchevique" (6 de noviembre de 1917, según el calendario ruso) fueron publicadas, pero posteriormente los fieles de L'Humanité sólo pudieron leer una de ellas. Bajo la influencia de los partidarios de Lenin, las siguientes cartas fueron descartadas. Kritchevsky estaba indignado. Sin embargo, sus textos fueron reunidos por la editorial Félix Alcan al año siguiente en un volumen titulado Vers la catastrophe russe. Cartas desde Petrogrado al periódico “L'Humanité” : octubre de 1917-febrero de 1918 . Después de la muerte de Kritchevsky en 1919, un manto de silencio cayó sobre su obra, socavando uno de los grandes mitos fundadores del siglo XX . Como veremos, Kritchevsky se expresó sin rodeos sobre la brutalidad de los pretorianos bolcheviques. No se hacía ilusiones sobre la naturaleza implacable del nuevo régimen. Esta reedición reproduce íntegramente el texto de 1919. En el prólogo se incluyen algunas referencias cronológicas e históricas que facilitarán la lectura. | #comunismo - #rusia - #paraleer
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