Tiradores en los muebles que faltaban, para lo que he usado por vez primera mi Dremel, con éxito. He comenzado a preparar la esquinera en la que voy a colocar en unas baldas de cristal y usando la placa roja que sobraba de los frentes de los muebles, los elementos básicos del cocineo, como aceite, sal, pimienta, cafetera, etc. Hoy he cortado la placa roja a la medida de la tabla de ocume y las he pegado con cola de carpintero. Se va a quedar hasta mañana bien sujeta con sargentos y con unas pesas para presionar el centro. Mañana seguiré con el tema esquinera.
El día de hoy pide resumen esquema, lo pide. Sesión de brazos con Maite, subiendo el listón. Compras. En Eroski arena para Indi y cervezas Málaga. En BM queso de Burgos, aguacates, papel cocina, leche y dos botes de cristal de lomos de bonito. En frutería una coliflor, cebolletas y patatas. Una visita a Karim después de muchas semanas o meses; pincho y zurito. La comida. Ensalada campera. Apalanque en la cama haciendo memes y sin poner tele. La tarde dándole vueltas a cómo montar unas estanterías en la esquina de la cocina, para organizar bien el aceite, la sal, etc. La cena. Coliflor, queso de Burgos y pepino.
Nota.- Indalecio ha cazado en la terraza un moscardón y nos lo ha traído de regalo. Tachón he dejado en casa un pedido de Amazon, un libro de la historia del Japón, en inglés claro. He recogido en la zapatería de Santutxu 4, punto SEUR, una mochila de inspiración militar, en ese plan, con herrajes y chula. Amazon también.
Voy al fisio caminando, Raquel me acompaña. La sesión con Sara es un poco tortura, pero supongo que será para ir cada vez mejor, poco a poco eso sí. Después del fisio llamo a Raquel y regresamos al cortijo a preparar la comida, que viene José Antonio, la Paqui se ha ido a pasar un par de días a Motril para preparar cosas de su piso nuevo, ya que su Paco y familia se van a instalar allá una temporada, lo que dure el contrato que le ha salido allá. Tras sopesar posibles platos sustanciosos que puedan ser del agrado de José Antonio nos decidimos por preparar unas carrilleras, y Raquel se encarga de ello. Pues lo dicho: Carrilleras y picoteos, todo de diez. Lo pasamos de cine; José Antonio nos trae dos garrafas de aceite, genial; y una botella de cristal del tinto que hace él: muy bueno por cierto. Y allá que pasamos un rato feliz, los tres, hablando sin cesar de todo lo hablable y echando tragos de vino, jeje.
Nota Jorge.- Ha salido de Bilbao con destino Otura, pero haciendo escala en Valdepeñas, en el hotel que le recomendamos, el Veracruz. ¡¡¡Ay dios, que ya viene el tarareador de la pradera!!!
Camina con nosotros por las calles del desconocido Cortijo de San Isidro, el olvidado Real Sitio de San Fernando de Henares y la joya barroca de Nuevo Baztán; tres pueblos construidos desde cero en el siglo XVIII.
Si uno acude al Boletín Oficial del Estado del 17 de julio de 1981 encontrará el siguiente anuncio: Don Pantaleón González-Vallinas ha sido expropiado y sus bienes, sacados a subasta. La puja inicial son 60 millones de pesetas, una fortuna en esos momentos, pero el precio está más que justificado: las propiedades hipotecadas, por las deudas del empresario y reclamadas por el Banco Español de Crédito Banesto, conforman nada menos que el conjunto histórico de Nuevo Baztán, el primer pueblo industrial de España. La historia de cómo el navarro Juan de Goyeneche levantó una ciudad fabril donde antes había un bosque de acebos se remonta al siglo XVIII. Goyeneche, tesorero de los últimos reyes de los Habsburgo, financió con más de seis millones de reales la victoria del borbón Felipe de Anjou en la Guerra de Sucesión contra el Archiduque Carlos, según la Real Academia de Historia. Tras subir al trono como Felipe V, Anjou premió al navarro con lo que más deseaba: los privilegios reales para construir una pionera ciudad industrial en la comarca del Henares.
Para levantar su proyecto, Goyeneche recurrió al arquitecto José de Churriguera, que planificó una urbe ortogonal con seis manzanas de viviendas para los colonos-obreros de sus factorías y hornos. De aquí saldrían con destino a Madrid las telas, sombreros, pliegos de papel, perfumes, licores o cristalería fina -además de uniformes militares- que tanto costaba traer del extranjero. Un señorío con tintes barrocos Detenido en el tiempo, Nuevo Baztán ofrece una sorprendente estampa que evoca sus oficios y su pasado señorial. Su corazón lo constituyen la casa-palacio de Goyeneche y su iglesia, ambos en piedra berroqueña y mampostería, que recuerdan al tradicional alcázar castellano de planta cuadra...
En la segunda mitad del siglo XVIII, las políticas ilustradas del borbón español elevaron la excelencia de la marina de guerra hasta cotas nunca vistas en la pugna con Gran Bretaña por el dominio de los océanos.
La Armada española tuvo su época de máximo esplendor en la segunda mitad del siglo XVIII. Merced a las reformas administrativas y fiscales y a las innovaciones técnicas y científicas, los buques españoles, tripulados por oficiales de excelente formación, extendieron su dominio y sus navegaciones del Mediterráneo al mar de China, del Caribe a la Patagonia y del Perú a la Polinesia. La Armada creció de modo espectacular en número de buques por medio de la creación y ampliación de arsenales hasta desplegar en su apogeo cerca de trescientos buques grandes y pequeños. El rey Carlos III, impulsor del espectacular programa de construcción y modernización naval, era consciente de la importancia del mar en la estrategia española. Tras la derrota ante Gran Bretaña en 1762, cuando, en la caída de La Habana, se perdieron más navíos de los que se perderían en Trafalgar, dedicó ingentes esfuerzos a expandir su flota; ello cristalizó en las dos décadas siguientes en los éxitos de la renovada Marina sobre los portugueses en la colonia de Sacramento y Río Grande, en América del Sur; sobre los británicos en el Caribe durante la Guerra de Independencia de los Estadios Unidos, y frente a los corsarios berberiscos en el Mediterráneo.
En el ámbito técnico, se experimentó una transición del modelo de construcción a la inglesa de Jorge Juan y Santacilia hacia el modelo francés de Gautier en aras de homogeneizar la política naval española con la francesa. La síntesis y mejora de ambos sistemas, que llevó a cabo José Joaquín Romero y Fernández de Landa, dio lugar a algunos de los mejores buques de la época: la serie de navíos de dos puentes y setenta y cuatro cañones llamados “ildefonsinos”, y los “meregildos” de tres puentes y ciento diez cañones. El sucesor de R...
Raúl Quinto novela en ‘Martinete de Rey Sombra’ uno de los episodios más olvidados y vergonzosos de nuestra historia.
Locura, soledad y muerte son los parámetros por los que se mueve esta historia. Un relato que nos habla del brillo negro del poder y la gloria (y de sus consecuencias). El escritor Raul Quinto, quien ya nos había sorprendido con La canción de NOF4 (Jelyll & Jill, 2021), vuelve ahora con una novela donde recupera las huellas semiborradas de un episodio lleno de sombras y olvido, y uno de los momentos más vergonzosos de nuestra historia: la mayor redada contra la población gitana de toda la negra historia de los gitanos de Europa, sucedida el 30 de julio de 1749 y que supuso el encarcelamiento de unos 9.000 gitanos (2.000 en la primera noche y 7.000 durante el mes que le sigue). Un proyecto ideado por el Marqués de la Ensenada y que contaba con la aquiescencia de Fernando VI, «el rey por fin español» y destinado a renovar la grandeza perdida de España, convencido de que «la paz sigue siendo el camino más seguro para poder ganar la guerra» y con la venia vaticana de Benedicto XIV, «el amigo de la sabiduría, las universidades y la razón ilustrada».
En capítulos vertiginosos y zigzagueantes, con una voz profética, mayestática y oracular hilvana Raul Quinto una prosa hipnótica que nos conduce, como la música del infierno, al desastre. Así, Martinete del Rey Sombra, que acaba de recibir el premio Cálamo, no solo nos habla de ese hecho negro en nuestra historia, la Gran Redada, sino que traza una historia del pueblo gitano y, al tiempo, sigue las andanzas vitales de Fernando VI, su reinado y su vida en la corte. Con ello, Quinto establece nexos con el pasado y la historia remota no solo de España, sino del pueblo gitano, y los ecos de todo ello los puede reconocer el lector actual en el presente: nepotismo, racismo, incompetencia, chapucería, locura y ambición, y las terribles consecuencias de la ceguera que conlleva la búsqueda insensata del di...
En fin, que ya estamos en Can Ferrán, con toda la familia. Hemos descansado de cine, la habitación que nos han reservado es perfecta y el cielo luce azul y luminoso tras los cristales. Me he levantado temprano, fiel a mis costumbres. Tachón está en el comedor leyendo, escribiendo, dibujando, y tomando su cafelito mañanero. El resto de la gente va bajando poco a poco. Rubén ha venido a nuestro cuarto a jugar a lo bruto, como le gusta. Y así transcurre la mañana. Raquel y yo hemos dado un voltio por el pueblo, por los caminos que recorren los viñedos del Penedés. Y a eso de las 12 o la una, Tachón y el Fran se han dado el chapuzón prometido y comprometido; son unos valientes, jeje. Y... barbacoa con los elementos clásicos, incluso verduras. Y al mediodía macarrones con besamel y tomate; bien pasados y bastantes infantiloides, en fin. Una siesta y a jugar con los peques al pingpong y a esperar la llegada de la cena de Nochebuena, con sus villancicos y sus alegrías (y sus nervios: es noche de regalos ¡¡¡!!!)
Dónde comer las mejores ensaladillas rusas de Madrid
Arzábal Retiro. Ensaladilla rusa con sardina ahumada. Avda. de Menéndez Pelayo, 13.
Samm. Ensaladilla rusa sin aceitunas y con atún «espolvoreado» por encima de una mayonesa perfecta. Calle Carlos Caamaño, 3.
La Tasquita de Enfrente. Ensaladilla rusa con mayonesa de aceite de ventresca, hecha al momento. También la hacen con tartar de atún o con caviar. Calle Ballesta, 6.
Manero. Ensaladilla rusa montada sobre pan de aceite con la patata rota y bien mezclada, con ventresca, aunque hay días que la hacen con gambas cristal. Calle Claudio Coello, 3.
Lambuzo. Ensaladilla rusa de atún de Barbate o de langostinos, las dos muy ricas. Calle de las Conchas, 9.
Rafa. Ensaladilla rusa con huevo rallado, patata cuadrada y mayonesa recién hecha. Calle Narváez, 68.
Terracota. Ensaladilla rusa con encurtidos y atún rojo. Calle Velázquez, 80.
La Cuchara. Ensaladilla rusa ganadora del concurso de «La mejor ensaladilla de Madrid 2023», organizado por ACYRE. Tienda de platos preparados para llevar. Calle Mesón de Paredes, 19.
La Máquina Ensaladilla rusa La Máquina. Clásica y pionera en calidad (imagen de portada). 14 restaurantes.
La Abacería del Príncipe. Ensaladilla rusa con ventresca y pimiento del Piquillo. Calle del Príncipe, 18.
Menudeo. Ensaladilla de gambas. Calle José Ortega y Gasset, 68.
Moscatel. Ensaladilla rusa con ventresca de atún rojo. Avda. de La Guardia, 21. El Pardo.
Surtopía. Ensaladilla rusa con langostinos y mayonesa en su escabeche. Calle Núñez de Balboa, 106.
Las temperaturas vuelven a su ser normal. Esta mañana cuando hemos salido a caminar y a continuar con las visitas salmantinas, la calle respiraba frescor, apetecía iniciar el recorrido previsto para hoy. Así que tras los huevos cocidos y los cafés con leche hemos encaminado nuestros pasos hacia el río Tormes, para conocer el renombrado puente romano; y no nos ha decepcionado nada. Un puente espléndido, rotundo, romano. Unas fotos al uso y recorremos el puente en sentido ciudad vieja de nuevo, para hacer la siguiente visita: La Casa de Lis. La Casa de Lis. Me ha sorprendido gratamente. Yo tenía la idea preconcebida de que lo interesante del lugar era el aspecto arquitectónico, ya que al ser una referencia del Art Decó, pues me esperaba encontrar lo habitual, lo propio de un edificio tipo Gaudí, modernista o en esa línea. Y sí, el ediicio tiene esas características, el mobiliario también, pero lo impactante han sido las exposiciones que pueblan sus habitaciones, sus salas, sus rincones: una maravilla. Inolvidable. De hecho me pongo como tarea pendiente indagar sobre todos esos artistas que realizaban esas maravillas en marfil, bronce, cristal, etc. Una pasada. Pendiente pues. Regreso al centro monumental. Repostaje a base de dos mediobocatas de jamón y chorizo; dabuti. Y visita al Convento de San esteban: otra maravilla. Un claustro de los que te dejan boquiabierto. Una sacristía como no he visto otra, inmensa y apabullante. ¿La Iglesia? Es difícil describirla con palabras, ¿impresionante?, ¿grandiosa?, y todos los adjetivos admirativos que a uno se le ocurran. Otra pasada. Y ya vale de visitas culturales por hoy, y por el finde, y por el viaje. Hemos hecho un amago de comer en un bar de tapas de diseño, Winlovers, pero ha sido un poco decepcionante; un par de mini hamburguesas, un par de copas de vino y una decisión: nos vamos a comer al apartamento cualquier cosa sencilla, con su botella de vino, eso sí. Un pase por el Carrefour de frente al apar...