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31 Q+ Queer
viernes, 10 de enero de 2025

Como recordará el lector, en el último congreso federal del PSOE se aprobó una enmienda para excluir los signos «Q+» de las siglas LGTBI. Otra enmienda, obra de los socialistas de Guadalajara, propuso que «ninguna persona de sexo masculino pueda participar en las categorías destinadas a mujeres» (aunque, curiosamente —otro misterio que aclararé más abajo— no les preocupa que las personas de sexo femenino puedan participar en las categorías destinadas a varones).

Inmediatamente, Sumar, Podemos y Más Madrid vieron en ambas propuestas una misma intención, y acusaron a quienes las promovían de transfobia. Los medios de comunicación, comprensiblemente temerosos de meterse en un jardín demasiado espeso, no llegaron a formular la pregunta que habría sido obvia: ¿Por qué se acusa de transfobia a quienes defienden las siglas LGTBI, en las que la «T» representa justamente a las personas transexuales, a las personas transgénero y a las personas travestis? Y no formularon la pregunta porque, de haberlo hecho, se habría planteado a continuación otra aún más inquietante: ¿qué significa el añadido «Q+»? Pido al lector un poco de paciencia para profundizar en este enigma.

Los movimientos reivindicativos que en la década de 1990 se asociaron a las siglas LGTB tomaron como precedente las reivindicaciones del feminismo, históricamente ligadas a ese proceso cultural de largo alcance que solemos denominar Ilustración, cuyo objetivo es alcanzar la plena igualdad de derechos entre todos los ciudadanos. De este proceso también forma parte el hecho de que la ciencia privase al machismo y al racismo de sus pretendidas bases «biológicas» y convirtiese las justificaciones de esa discriminación en un montón de patrañas.

De este modo se evidenciaron también como biológicamente falsos y moralmente inaceptables los argumentos que estigmatizaban a los homosexuales y a otras minorías por su orientación sexual divergente de la norma estadística, lo que puso en el orden del día l...

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#LGTBI - #opinion - #queer

32 Dioses sobre las nubes
martes, 17 de diciembre de 2024

«En Sánchez, la mentira es la protagonista de la historia y responde a un único propósito: su consolidación en el poder, frente al adversario visto como enemigo»



Comentarios interesantes

Sánchez representa la deriva lógica de la careta hipócrita social-demócrata del socialismo, del intervencionismo económico. La social-democracia intervencionista conduce a la dictadura, al control absoluto de la economía. El socialismo es el robo de la propiedad privada, es el crimen en nombre del bien superior de un mundo feliz, igualitario y sin clases sociales. El socialismo es la barbarie frente a la civilización, sea en su versión nacionalista, de derechas, o comunista o social-demócrata. Entre el socialismo y la libertad no hay vías intermedias. La libertad es la libertad; lo demás es socialismo en todas sus variantes, incluidas las teocráticas.


El socialismo es una ideología criminal que nació como como antítesis del liberalismo, de la libertad, del capitalismo, sin los cuales no es posible la democracia, el imperio de la ley, la separación poderes y la alternancia pacífica en el gobierno. El socialismo junto con el islamismo representan hoy la mayor amenaza para la civilización occidental judeo-cristiana, basada en el respeto a la vida y a la propiedad del prójimo. Sin esa base no hay civilización alguna. El socialismo, desde que se llevó a la práctica en Rusia de la mano de Lenin y demás criminales y genocidas comunistas, fue irradiado por Europa, derivando en varias interpretaciones sectarias, entre ellas la nacional-socialista y la fascista. Todas estas variantes del socialismo tenían el vínculo común de acabar con la civilización, con la democracia liberal, mediante...

#socialismo - #autoritarismo - #sanchez - #comentarios

33 En Alemania y el antiguo Imperio austrohúngaro la Primera Guerra Mundial está olvidada
jueves, 12 de diciembre de 2024

Alexander Watson: «En Alemania y el antiguo Imperio austrohúngaro la Primera Guerra Mundial está olvidada»

El Holocausto fue la culminación de una historia de violencia que arrancó en el siglo XX, y tuvo uno de sus episodios más salvajes entre 1914 y 1918. Todos los países europeos contribuyeron, en mayor o menor medida, a que tuviese lugar ese primer gran enfrentamiento bélico, pero la idea que ha transcendido es que la responsabilidad fue exclusiva de Alemania y Austria-Hungría. Alexander Watson ha escrito uno de los mejores libros de la Primera Guerra Mundial, El anillo de acero (Desperta Ferro), y lo ha hecho desde la perspectiva de los perdedores, las Potencias Centrales, que vivieron cuatro años enjaulados, sometidos a un duro bloqueo naval que provocó la muerte de cientos de miles de civiles. El plan alemán para ejecutar una guerra relámpago en sólo seis semanas fracasó, pero esa decepción no impidió que los ejércitos germanos y austrohúngaros resistieran un intenso asedio desde varios frentes. Las ansías de los políticos y militares de las dos naciones centroeuropeas por atacar a Serbia, primero, y la descabellada campaña de ataques submarinos a naves enemigas y neutrales, después, provocaron el desmoronamiento de un imperio y una amarga derrota que sirvió de simiente para el advenimiento del nazismo.

Hablamos en Zenda con Alexander Watson del «cheque en blanco» que el káiser Guillermo II le dio a los militares austrohúngaros para empezar la contienda, acerca del error alemán de atacar a los barcos estadounidenses y sobre el macabro legado de odio y antisemitismo que dejó la Primera Guerra Mundial.

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—El planteamiento de El anillo de acero es original. Pocas veces se hace un libro, una película o una serie desde el punto de vista de los perdedores. En el caso de la Primera Guerra Mundial, después de leer su libro, el lector descubre que sabía muy poco de las Potencias Centrales, del Imperio austrohúngaro y...

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#primeraguerramundial - #entrevista - #libro - #paraleer - #entrevista

34 La auténtica geopolítica de Putin
martes, 03 de diciembre de 2024

En la última reunión del grupo (o «club») Valdai, celebrada hace pocos días, en este mes de noviembre de 2024, Putin desarrolló algunas reflexiones que, para quienes nos dedicamos a estos temas, son usuales (enseguida lo demuestro), pero ratifican eso que es tan usual, al más alto nivel, y de un modo explícito.

Por una parte, apunta Putin, el mundo está siendo reconfigurado. No solamente por la conocida resiliencia rusa o por el auge chino, o por la gradual pero imparable evanescencia socioeconómica del bloque occidental, liderado, como siempre ha sucedido en el último siglo, por EEUU. Todo eso está ahí. Pero su mera cita es pura descripción, y no contiene análisis alguno. Por consiguiente, en términos académicos no podemos quedarnos ahí: sería demasiado básico.

El análisis —o la interpretación de lo que sucede, si se prefiere— viene siempre después (cuando lo haya). Que es ahora, en esta reflexión. Lo primero que señala Putin es que los cambios a los que estamos asistiendo, debido a la interconexión de los factores descritos en el párrafo anterior, es de un calado equivalente al de Westfalia o Yalta. Personalmente, creo que los cambios a los que estamos asistiendo son incluso mayores. Pero, de momento, dejemos hablar un poco más a Putin. Él plantea que el orden de Yalta ya iba más allá del establecido en Westfalia. No aporta razones, pero es fácil entender eso. Porque el orden de Yalta se basaba en una peculiar superposición de ejes de conflicto: más allá de la mera «razón de Estado» (sin que ésta desaparezca por completo) surgió un eje ideológico (es decir, la cobertura moral o cultural de una base económica) que abarcaba la competencia entre dos modelos contrapuestos (capitalismo y comunismo —me vale «socialismo real», por supuesto, e incluso elevo la apuesta: eso fue lo que dio de sí el «socialismo realmente posible»).

Eso ha terminado, seguro. De nuevo, se puede discutir dónde estamos. Pero ya no «dónde no estamos». Entonces, cojo el testig...

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35 Yascha Mounk
domingo, 20 de octubre de 2024

Yascha Mounk (1982, Múnich), pensador, ensayista y profesor de la Universidad Johns Hopkins, nos invita a pensar sobre los problemas de las democracias liberales, amenazadas externamente por actores como el régimen de Vladimir Putin, e internamente, por paisajes políticos polarizados. A Mounk, un intelectual de centroizquierda confeso, le inquieta que el populismo de derechas esté «fuerte» y que su «oposición» en la izquierda haya caído «en la trampa» de la ideología ‘woke’. Precisamente a esa ideología de la izquierda está dedicado su último libro ‘The Identity Trap’ (Ed. Allen Lane, 2023) o ‘La trampa de la identidad’.

Su último libro publicado en España, El Gran Experimento (Ed. Paidós, 2022) versaba sobre qué han de hacer las democracias para integrar a todos los miembros de su sociedad. ¿No es un experimento aún mayor enfrentarse a amenazas como la que representa la Rusia de Vladimir Putin o las amenazas iliberales internas existentes también en esas democracias?

Es una buena pregunta y estoy de acuerdo en considerar que hay un doble debilitamiento de las democracias. Si uno piensa en por qué hemos ido desde un gran optimismo hacia un pesimismo considerable sobre el estado de la democracia, esto se debe a los cambios que hemos vivido. En los años 90, estábamos rodeados de amigos, no había amenazas externas. Interiormente, nuestras democracias parecían estar muy tranquilas. Había, por así decir, un escenario político estable, con dos partidos que se alternaban en el poder. Los rivales políticos daban la impresión de poder vivir perfectamente uno con el otro. Sin embargo, ahora estamos en una posición en la que hay serias amenazas para nuestras democracias. Tenemos la invasión de Rusia a Ucrania, y la amenaza que esto supone para la seguridad europea. Tenemos también el papel que juega una China autoritaria en el mundo, además de la erosión del poder de los países democráticos en la escena internacional. Pero es que, además, estamos viendo crecientes...

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#meta - #ensayo - #woke

36 Curtis Yarvin
miércoles, 09 de octubre de 2024

PADRE DE LO NEORREACCIONARIO
Curtis Yarvin, el anti-Chomsky que mece la cuna de la «Nueva Derecha» estadounidense.
La elección de J.D. Vance como delfín de Trump ha llevado a la fama a este bloguero, genio informático y la mente que ha llevado a la Ilustración Oscura a un paso de la Casa Blanca.



Hay un pódcast en Estados Unidos con cierto éxito que se llama Behind the Bastards. Se emite desde Los Ángeles y, cada semana, invitan a alguna celebridad del cercano Hollywood a disertar sobre algunos de los personajes más malvados de la historia, de ahí el título. Aunque los primeros episodios versaron sobre personajes como Adolf Hitler, Sadam Huseín, Henry Kissinger o Nicolae Ceaucescu, uno de sus últimos episodios tuvo como protagonista a un personaje al que no se le conocen crímenes de sangre —directa o indirectamente— ni otros delitos o faltas.

El invitado en ese programa, emitido el pasado 17 de septiembre, era el actor de comedia Ed Helms (The Office, Resacón en Las Vegas) y el bastardo del que iban a hablar era un informático de 51 años metido a bloguero y llamado Curtis Yarvin.

"El tipo del que vamos a hablar hoy es alguien que... llevo varios años debatiéndome si debíamos cubrirlo o no, porque es un monstruo que silenciosamente se está haciendo importante", dijo el presentador del pódcast, Robert Evans. Un minuto antes, habían estado hablando de los años cincuenta en Estados Unidos, la lucha por los derechos civiles. "Aquel fue un momento autoritario en el pasado de nuestro país, y actualmente nos enfrentamos a otro: el tipo del que estamos hablando, Curtis Yarvin, es el profeta de llevar a América hacia un camino completamente autoritario, es un defensor de cambiar este país a lo que efectivamente es una dictadura, y por desgracia, es un tipo que ha tenido mucha influencia".

El título de ese episodio, de hecho, era "el filósofo tras J.D. Vance", el candidato a vicepresidente con Trump, cuyo debate televisado con el demócrat...

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37 «Vivir en zapatillas»
martes, 08 de octubre de 2024

El filósofo Pascal Bruckner: «El apetito de vivir de los años sesenta ha terminado».
El ensayista francés publica «Vivir en zapatillas» (Siruela), una reflexión sobre la abolición del deseo de vivir (hacia el exterior) que se ha extendido desde la pandemia de 2020.



El Renacimiento y la Ilustración anunciaron un tiempo fértil, llevado por la promesa de mejoría. Desde finales del siglo XX entramos en un tiempo estéril y son demasiados los bandos que sueñan con someter a la humanidad a un imperativo de regresión. La aprobación alegre de la existencia, la curiosidad por los mundos extraños, el vagabundeo gratuito se han vuelto sospechosos. Día tras día se inculcan a la juventud lecciones de desesperación aplicada. De ahí el combate feroz que divide a todos los bandos para definir las prioridades: qué es lo primordial, ¿la lucha contra el cambio climático, contra las epidemias, contra el terrorismo o contra la guerra? Bajo el ángulo del miedo, el efecto de estos anuncios es el mismo: la tentación de la retirada para quienes quieren, ante todo, protegerse de los grandes dramas históricos. ¿Cómo extrañarse de que las jóvenes generaciones padezcan pesadillas, no crean en el futuro y corran a refugiarse de cabeza en la madriguera para esperar el fin del mundo? La necesidad de seguridad absoluta puede asfixiar hasta el gusto por los otros. El fin del mundo es, sobre todo, el fin del mundo exterior, es la falta de atracción por la vida común. El apetito de vivir de los años sesenta ha terminado: hay que enfriar lo sublime, reducir las ambiciones, invitar a cada uno a orgías de buenos modales. El deseo de disfrutar de todo lo bueno que la vida ofrece está prohibido o, incluso, condenado como un pecado contra el planeta, la nación, el pasado, la moral, las minorías. De 2020 a 2022 han proliferado en Francia tantos profesores de la depresión, tantos aguafiestas en las ondas dispuestos a echarnos un sermón, a prometernos los peores castigos: ¡habíamos disfrutado mucho...

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38 ¿Qué es la cultura «woke»?
miércoles, 28 de agosto de 2024

Qué es la cultura 'woke' y por qué «una sociedad sana necesita espacios que estén despolitizados»,según David Mejía.

Cada vez resuena más el movimiento woke, que llevó a la elaboración de un manifiesto firmado por 150 escritores, profesores universitarios e intelectuales en julio de 2020; que ha tenido como consecuencia la cancelación pública masiva de personalidades de Hollywood o del mundo del arte como Anne Hathaway o J.K Rowlings, y que ha provocado que se consolide la Universidad de Austin (Texas, Estados Unidos), que sienta sus bases movida por «la búsqueda intrépida de la verdad» como respuesta a la censura de los discursos de quienes no comulgan con la ideología de la cultura woke, según nos cuenta Laura Fábregas en THE OBJECTIVE.

En Escuela ethos nos preguntamos en qué consiste este movimiento con bases americanas que parece estar afectando a sistemas inicialmente libres como la educación universitaria, o el ámbito personal tanto de anónimos como de personalidades públicas por medio de la censura de opiniones y contenidos, limitando tanto la libertad de expresión como el flujo de ideas dentro de las democracias. Nos interesa analizar y despejar incógnitas estudiando casos prácticos y sumergiéndonos en el marco teórico de los movimientos socioculturales. Es por esto que nos estrenamos con David Mejía como instructor del seminario ‘¿Qué es el movimiento woke?‘, con quien hemos hablado en la sede de THE OBJECTIVE.

Pregunta: El movimiento cultural woke sentó sus bases al otro lado del Atlántico y luego llegó a Europa. ¿Hemos importado un debate propio de Estados Unidos? Y si es así, ¿qué implicaciones tiene esto? ¿Está la cultura de cancelación dentro del movimiento woke?

Respuesta: Creo que hemos importado un marco teórico propio de una cultura como la americana, que tiene difícil parangón en otros lados del mundo y, en este caso Europa. Creo que tiene la consecuencia de que podemos empezar a preocuparnos o a legisla...

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39 La negritud como espíritu
viernes, 23 de agosto de 2024

Este artículo fue escrito por Antonio Escohotado el 29 de abril de 2021

Algunos términos pasaron del prestigio indiscutido al abandono como el flogiston, un supuesto elemento en el que creyó la comunidad científica desde mediados del siglo XVII hasta finales del XVIII, cuando identificar el oxígeno reveló como oxidaciones los procesos antes explicados por “deflogistización”. Algo muy parecido ocurrió con el éter propuesto por Aristóteles como quinto elemento, en el que siguió basando Newton su sistema del mundo, descartado más tarde por no confirmarlo el experimento de Michelson y Morley, e irrumpir en escena la física relativista.

Flogiston y éter son ejemplos perfectos para quienes pretenden hoy zanjar dudas recurriendo a entelequias como “el 90% de los científicos”, cuando la abundancia de desmotivados entre docentes y discentes ha ido contagiando su actividad de amarillismo periodístico, hasta equiparar el valor del voto en elecciones y en asuntos como cambio climático o virología. En cualquier caso, el proyecto científico nunca será una verdad revelada, que pueda consultarse como el Corán o la Biblia, y cuanto más herede funciones clericales más se acercará a una burocracia con espíritu de gremio, dispuesta a prometer lo que Stephen Hawking llamaba ecuación cosmológica total, donde el sentido de los sentidos cabrá en media línea de guarismos.

Investigar fenómenos complejos por definición protege en teoría a las ciencias humanas del infalibilismo dogmático y sus simplezas; pero mirar con algo más detenimiento muestra que la tentación de formular ecuaciones cosmológicas totales tiene entre quienes estudian al ser humano su análogo en las religiones políticas, cultos ateos cuyo denominador común es precisamente el totalitarismo: controlar todo hasta su último rincón. La semilla de dichos cultos se hizo esperar hasta que la Revolución francesa suspendió la declaración de derechos aprobada por ella misma, y decretó “el terror como ataj...

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#escohotado

40 Antifascismos
jueves, 25 de abril de 2024

El problema de Bildu es lo que sigue predicando Bildu aunque su ETA ya no mate: la monserga revolucionario-nacionalista de que no vivimos en una democracia sino en una prolongación del franquismo. Lo mismo que piensan también los independentistas catalanes y Sumar y Podemos. Toda esa sopa boba que encandila a los jóvenes porque se sienten guapísimos por ser antifascistas: no contra una dictadura, ¡sino contra una democracia!

#meta - #nacionalismo

© Zalberto | marzo - 2026