Un día con el matiz diferenciador que propone la ausencia de la nena a la hora de comer y a las posteriores. Implica ello que no tengo que ocupar mi pensamiento en la organización del momento «comida»; auto alimentarme nunca ha sido un quebradero de cabeza para mí -le he dado un par de vueltas, buscando esas preparaciones que me agradan y que me sientan bien, y no he tardado mucho en dar con la tecla: unas setas y unos champiñones acompañando a una pasta integral es una combinación que no empacha y que es muy gustosa a mi paladar-, sencillamente busco aunar lo saludable, lo digestivo y lo sabroso; fácil. Dado que el día se anuncia en las apepés «soleado y agradable » -mi confianza al respecto de esas predicciones es prácticamente nula-, me arriesgo y hago planes de paseo ribereño e incluyo visita al Guggenheim; en mi memoria flota una información bastante difusa e inconexa al respecto de las exposiciones actuales, pero tengo la esperanza de poder disfrutar, tanto de lo ya visto como de lo por ver. Antes de salir a la intemperie del mundo he bajado al LIDL a comprar algunas cosas que comienzan a escasear en nuestra despensa; bolsas de 50L para la gestión del arenero del chaval; productos del mundo de la limpieza del hogar -pastillas 3 en 1 para el lavavajillas, limpiador en spray reforzado con lejía-; huevos de gallinas en libertad -qué mierda de ironía-; muchas latas de sardinillas en aceite de oliva y bajas en sal -me encantan, qué se le va a hacer-; dos botellas de vino de burdeos -curiosamente a unos precios muy asequibles- y una especie de litrona especial Navidad de la marca Dawn -pensando en vestirla de regalo para la Tata Esther-; ¿algo más que no recuerdo?, por supuesto que es posible... ¡¡¡setas y champiñones!!! para la comida de hoy -jeje-. Aparco el carrito junto a la mesa de la cocina y lo primero lo primero es atender la curiosidad de Indi: una latita -uno de los olvidos- de paté de buey que le mola muchísimo. Se relame y se la trisca en un par... leer más |