1 Automoribundia de Kahneman (Ceremonia) El psicólogo Daniel Kahneman, experto máximo en la toma de decisiones, Premio Nobel de Economía y autor del célebre Pensar rápido, pensar despacio, murió el 27 de marzo del año pasado a los 90 años. Su familia no detalló las causas y circunstancias de su muerte y los medios, siguiendo su solícita costumbre, tampoco se preocuparon por averiguarlas.
Hasta que hace un mes, Jason Zweig, un estrecho colaborador y buen amigo, columnista del Wall Street Journal, publicó un artículo donde daba los detalles. Kahneman había muerto por su propia mano, en una clínica suiza especializada en el suicidio asistido. Una más de las mil personas que, según cálculos aproximados, optan por eso que llaman una muerte digna, quizá el oxímoron más respetado de nuestra época.
Zweig incluye en su artículo el mensaje que Kahneman le envió --como a otros familiares y amigos-- pocos días antes de morir. Este párrafo: «He creído desde que era adolescente que las miserias e indignidades de los últimos años de vida son superfluas, y estoy actuando según esta creencia. Sigo activo, disfrutando de muchas cosas en la vida (excepto las noticias diarias), y moriré siendo un hombre feliz. Pero mis riñones están en las últimas, la frecuencia de mis lapsus mentales va en aumento y tengo noventa años. Es hora de partir».
La rara novedad, que afecta a menos del 5% de suicidas asistidos, es que Kahneman conservaba, como indican sus propias palabras, una buena calidad de vida. El suicidio no era consecuencia del deterioro sino de la expectativa del deterioro.
Una prueba contundente de su fortaleza cognitiva fue la conversación que mantuvo con los filósofos Peter Singer y Katarzyna de Lazari-Radek para el podcast Lives Well Lived (Vidas bien vividas). Los dos publicaron esta semana un artículo en el Times en el que daban detalles de la grabación del podcast. El 19 de marzo de 2024 habían escrito a Kahneman para proponerle la conversación, que sugerían hacer en ma... leer más | #suicidio - #psicologia - #nobel
2 Flâneursábado, 30 de enero de 2021  El término flâneur (/flɑnœʀ/) procede del francés, y significa 'paseante' o 'callejero'. La palabra flânerie ('callejeo', 'vagabundeo') se refiere a la actividad propia del flâneur: vagar por las calles, callejear sin rumbo, sin objetivo, abierto a todas las vicisitudes y las impresiones que le salen al paso.
El flâneur era, ante todo, un tipo literario en la Francia del s. XIX, inseparable de cualquier estampa de las calles de París. Llevaba aparejado un conjunto de rasgos variopintos: el personaje indolente, el explorador urbano, el individuo curtido en la calle, etcétera. Fue Walter Benjamin quien, a partir de la poesía de Charles Baudelaire, le hizo objeto del interés académico durante la pasada centuria, como figura emblemática de la experiencia urbana y moderna. Gracias a Benjamin, el flâneur pasó a convertirse en una figura importante para estudiosos, artistas y literatos.
La vocación del flâneur es la observación objetiva pero estéticamente armoniosa, lo que ha favorecido su adopción en el campo de la fotografía, especialmente en la fotografía callejera. El fotógrafo de la calle aparece así como una extensión moderna del observador urbano descrito por Fournel a finales del XIX, antes de la llegada de la cámara portátil:
Este hombre es un daguerrotipo errante y apasionado, que atesora hasta la menor huella, y en quien se reproducen, con sus reflejos cambiantes, el curso de las cosas, la agitación de la ciudad, la fisonomía diversa del espíritu público, las confesiones, antipatías y admiraciones de la multitud. (Ce qu'on voit dans les rues de Paris, "Lo que uno ve en las calles de París")
La aplicación más notable del flâneur a la fotografía urbana probablemente tenga su origen en el ensayo Sobre la fotografía (1977) de Susan Sontag. En él se explica que, gracias al desarrollo de las cámaras compactas en el siglo XX, la cámara fotográfica se h... leer más | #vagabundeo - #paseante - #fotografia
3 ayer nocheviernes, 07 de mayo de 2004 ayer noche, al regresar a casa tras una dura jornada aplicado a la labor vespertina de redirigir los problemas del prójimo hacia la papelera de reciclaje más próxima, sintiendo en la nuca la respiración jadeante de los deseos frustrados de casi media humanidad, al regresar, me sentía tan fresco, a pesar de que eran más de las once, que sin poder contenerme, ni intentarlo, me calcé la ropa de correr y... ahí me tienes: resoplando durante casi una hora por las calles de algorta, subiendo y bajando de las aceras, rozando las chaquetas de los solitarios paseantes de perros, haciendo crujir las baldosas y los adoquines; sí, vaya, qué gozada, puse el arena200 en modo «repeat» y me harté de escuchar el cinema show de PG; pim pam; el sudor y el mador edulcorando mi cuerpo; pim pam; las zapatillas resonando rítmicamente sobre el asfalto; pim pam; y mi corazón feliz e incontenible; sí, vaya, como que no tenía ganas de regresar a casa; pero tuve que parar: el tobillo derecho había comenzado a quejarse de nuevo [hoy aún me duele] | #flissbis
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