 Bueno, pues esto es una pura verdad; en cualquier caso la verdad no puede ser impura, creo; en realidad no me apetece pensar en ello, es un esfuerzo sin recompensa, una delicada reflexión que no conduce a ningún lugar, no eleva ni sumerge, no traslada ni retrotrae, un pensar sin finalidad; o eso creo; no es mi fuerte; además... ¿la verdad? la verdad me supera por todos lados, no está a mi alcance; cierto, cierto que suelo decir que para manejarse uno bien con un instrumento musical no hay otra que dedicar al empeño un porrón de horas y mucha concentración; imagínese alguien lo propio para escalar un par de peldaños en el universo del pensamiento abstracto, en el océano de las ideas difusas; filosofía de la buena, para que se me entienda.
En Bilbao hoy no ha dado tregua la llovizna, incluso la lluvia. Raquel y yo nos hemos pertrechado bajo un par de paraguas plegables de tres al cuarto, de los que solemos comprar en el Tyger de rigor, de los que no apena perder o romper o regalar o tirar. Un calzado impermeable es fundamental, imprescindible; los de Bilbao, los de Bilbao Bilbao tenemos nuestro repertorio completo de material antiaguas. Y voy a contar que la salida mañanera no ha sido nada azarosa, no, había objetivos tangibles; por ejemplo ir a Decathlon a mirar pantalón grueso y abrigado y estiloso y negro para que Raquel no sufriera los rigores de la climatología adversa cuando viajáramos a la España Continental en el más atribulado de los meses; febrero, de febrero estoy hablando; por ejemplo ir a comprar un pollo asado en el Rally de Egaña, ése que tiene ganada fama de ser el más tostado, fresco, jugoso y crujiente de todos los pollos que se asan a este lado del Nervión, y más allá; por ejemplo visitar la planta de mascotas del Corte Inglés a fisgar los materiales allá expuestos. Ah, el muchacho de Amazon ha tenido suerte esta mañana al picar en nuestro videoportero; no estábamos en casa, pero sí estábamos al otro lado de la calle observándole picar; jeje; ... leer más |