El Gran Confinamiento sigue su curso. Hoy hemos pasado con buen ánimo. He limpiado a fondo la terraza; con lejía, por supuesto. El tema cocina hoy lo he monopolizado al completo. He preparado un arroz de los míos, y para cenar una tortilla de bonito. Raquel dedica las mañanas a sus cosas del currelo y el resto del día a tocarse las tetas.
Mucho comer, mucho beber y mucha holganza: se impone la gestión del tiempo de un modo más racional, incluso cabe pensar en practicar ejercicio físico... Raquel repite salida a por pan y prensa, y caprichos. Sus padres están bien abastecidos y tranquilos; de momento. Comida en olla lenta: carne de la Ima con verduras etc: decente, la carne seca precisando más tiempo de cocción. Cena a base de tortilla de setas y sopa de fideo. Y muchas pipas y movidas
80 gramos de taquitos de jamón o chorizo (al gusto).
Medio pimiento verde (al gusto).
Media cebolla (al gusto).
Aceite de oliva.
Elaboración
Corta las patatas en láminas de unos dos dedos de ancho. Cuanto más finas, mejor. Fríelas, colócalas sobre un papel absorbente y añade un poco de sal.
Pon el horno a precalentar a 200 grados.
Bate los huevos hasta que espumen.
Corta el pimiento, la cebolla, el jamón, el chorizo o las judías verdes en dados pequeños. Si vas a añadir alguno de estos ingredientes, debes pensar que puedes añadirlos al gusto, ya que no tendrás que darle la vuelta a la tortilla. Eso sí, procura equilibrar los sabores. Añade estos ingredientes a los huevos batidos y a las patatas.
Escoge un molde para horno con la capacidad necesaria para esta mezcla. Unta la base con aceite de oliva para que la tortilla no se pegue.
Mete la tortilla en el horno durante unos 15 minutos. Has de controlar el punto de cocción para que quede jugosa.
Desmolda sobre un plato con papel absorbente y sirve inmediatamente.
Para acompañar, nada mejor que preparar una mahonesa casera. También combina a la perfección con una ensalada.
Truco final
Si vas a presentar esta tortilla en una ocasión especial, usa moldes de repostería para obtener resultados distintos. Sorprenderás a todo el mundo.
Cuece el arroz en el caldo de pollo hirviendo durante 15 minutos. Mientras, corta el jamón de York en cuadraditos.
Lava el brócoli y rállalo.
Saltea los daditos de jamón en una sartén con un poco de aceite de oliva virgen extra hasta que empiecen a tomar color.
Cuando falten 5 minutos para terminar la cocción del arroz, añade el brócoli rallado, sala ligeramente y da un par de vueltas. Si se queda sin caldo, añade un poco más.
Mientras, en una sartén antiadherente, prepara una tortilla con los huevos.
Incorpora la tortilla cortada en trocitos al arroz junto con el jamón, la mantequilla y un par de cucharadas de queso cheddar o Parmesano rallado. Rectifica de sal y sirve enseguida.
Decidimos no coger el coche ese día y hacer la caminata de rigor partiendo del apartamento. Habíamos anotado una ruta que pasaba por el Parador Nacional y se prolongaba hasta el Faro y más allá. Lo cierto es que nos dimos un paseo genial. Hacía mucho viento y un sol espléndido. Nos pertrechamos con un par de bocatas de tortilla de jamón york y fuimos hasta el Faro (donde nos echó la bronca una farera okupa ¿? jajaja). Desde el faro continuamos unos kilómetros por un sendero cómodo hasta llegar a una zona militar: un sitio maravilloso; por cierto vimos una abubilla... Ese día comimos en El Pajar; días posteriores repetimos. Un restaurante muy peculiar que no hay que perderse en San Sebastián. Comimos muy a gusto.
Resumen a ojos vista (desde la distancia del martes a primera hora, tomando el café) [...] Finalmente estamos a jueves. Lo estamos, todos los estamos; en esto reside una intangible e inflexible certeza, una de ésas que se relaciona amorosamente con los conceptos del tiempo y el espacio, una de ésas que sufren el volteo incesante de los filósofos "filósofos"; ésas y ésos. La semana discurre a su ritmo, a veces a su contraritmo, la semana es insensible a los vaivenes de mis neurosis -mucho mejor-. Lo mejor del finde fue la quedada el viernes noche con los flamenquis -y la Tata-; lo más inesperado el encuentro en Ledesma, en el mogollón del bullicio, con lo más granado de la gens Zubizarreta -ironía inevitable-, incluso pude saludar con afecto moderado a mi primo Iñaki a su novio Buck -recientemente le han operado la próstata, uauau, y anda con las posteriores actuaciones de los galenos tecnológicos... pufff-. Lo de encontrarme me pilló en un buen momento, y quiero pensar que la idea que se llevaron de mi estado actual me deja en buen lugar, no pueden evitar pensamientos del tipo «... hay que joderse lo bien que se le ve al cabroncete y descastado del primo Alberto», en esa línea. Pero bueno, fue un encuentro más bien fugaz, un repartir besos y abrazos, unas dosis de sonrisas cordiales y un torrente de sentimientos encontrados. Por fortuna los flamenquis aparecieron por allí cuando la reunión comenzaba a decaer, o, más bien, cuando podía derivar en un sincerarse siempre peligroso -creo yo-. Llovía y hacía frío. Tomamos unos zuritos en el garito ecléptico que hay en una de las esquinas en los Jardines de Albia, donde se cruzan Colón de Larreátegui con Alameda Mazarredo -o Alameda Urquijo ¿?-. Irene está tocada, pero no hundida -tiene un papelón ante sí, intento apoyarla y mostrarle mi cariño-. El plan con los flamenquis era cañas y cena, a ser posible sentados alrededor de una mesa. Pero para no faltar a la costumbre los intentos de hacer una reserv...
Pela las patatas y córtalas como para hacer tortilla de patata. Añádeles sal al gusto y pon en una sartén aceite de oliva abundante a calentar. Una vez esté caliente, echa dentro las patatas y deja que se hagan a fuego medio hasta que estén blandas, sin que lleguen a dorarse. Sácalas y escúrrelas en papel absorbente. Resérvalas.
Por otro lado, deja un poco de aceite en la sartén y añade la cebolla cortada en brunoise. Deja que se cocine a fuego bajo hasta que empiece a quedarse blanda y transparente. Echa entonces junto con la cebolla, el calabacín cortado en dados pequeños. Añade sal al gusto y deja cocinar todo a fuego bajo hasta que esté muy tierno.
Añade las patatas que tenías reservadas. Echa también dos huevos sin batir y mezcla directamente en la sartén removiendo hasta que se vayan cuajando ajustando el punto de sal si fuese necesario.
El truco final Para conseguir las patatas perfectas, fríelas en varias tandas evitando que se monten unas sobre otras y así se quedarán tiernas por todas partes por igual
Lava las hojas de albahaca. Sécalas y córtalas en juliana.
Pica la cebolla y los ajetes en juliana y póchalos 5 minutos en una sartén con 3 cucharadas soperas de aceite. Retira del fuego y reserva.
Precalienta el horno a 180ºC.
En un bol echa los huevos y la nata con una pizca de sal y de pimienta recién molida y bate con varillas hasta obtener un batido esponjoso.
Añade la juliana de albahaca, la cebolla pochada, la guindilla, el perejil y el cebollino picados y mezcla bien con un tenedor.
Engrasa con un poco de aceite una sartén de 22 cm de diámetro que pueda ir al horno, vierte en ella el contenido del bol y métela al horno a 180ºC entre 12 y 15 minutos, hasta que la superficie se dore ligeramente.
PRESENTACIÓN Corta la tortilla, decora con la albahaca reservada, espolvorea con las semillas de sésamo y sirve.