 El plan para este día estaba planificado: Javi & su esposa (se supo a posteriori que se llama MariCarmen...) se acercarían hasta nuestra ubicación para que nosotros, una vez prestos al volante del Dacia, les siguiéramos, cual gráciles cachorrillos, hasta ese lugar ignoto entre las montañas castellonenses, desde el que habríamos de partir para visitar uno de los yacimientos arqueológicos más guays de todo el Levante Español, en pleno territorio pre-ibérico, o algo así. El caso es que llegaron a la hora prevista y nosotros, montados en nuestro corcel rumano, les seguimos por la CV-148, por la CV-10 y por lo que nos llevaba hasta Les Coves de Vinromá; el entrañable pueblo serrano en el que nuestros anfitriones habían y han comprado una casa en el centro del pueblo, por razones que a todos, incluso a ellos mismos, se nos escapan. Una casa, por cierto, de puta madre. Y no pienso entrar en detalles; más que nada porque nosotros ya hemos hecho nuestros flipes imaginando que compramos una casa en Cascante y tal y cual y blablablá. Y qué contar del Abrigo de Les Coves dels Caballs, se pueden buscar imágenes en Google; sin problemas. Pero yo, Alberto Zubizarreta Arribas, natural de Bilbao, vecino de Santutxu, tengo que decir que, habida cuenta de mi abrumente interés por mejorar el conocimiento del pasado de las gentes peninsulares, siempre he soñado con palpar en mano propia las piedras en las que nuestros perdurables ancestros dibujaron, con estilo preciso y sutil, esas líneas en rojo oxidado y ferroso en las que ellos mismos corrían y porfiaban intentando hacer presa en los rebaños familiares de córvidos y cúpridos, con el mismo afán que ayer yo luchaba sin apoyo reiniciando el pincho de la tele online... Un día magnífico. Un paisaje evocador. Un sol... como tiene que ser el sol. Y el sudor, y las risas, y las preguntas inoportunas, y las respuestas aún más inoportunas, y todo lo que tiene que ver con esto. Me centro. 6.000 a 8.000 A.C. para empezar ... leer más |