 "El mayor truco del diablo ha sido hacernos creer que no existe" Baudelaire Los alegres divorciados viajan a Madrid para ver mañana en concierto a Luz Casal El desarrollo se inicia a las cinco; como se está convirtiendo en costumbre ya no me llama la atención. La noche ha sido movidita, a causa de la enfermedad de Raquel, que le mantenido en una agitación permanente. Yo he dormido del tirón, algo inhabitual. Me he levantado cuando Indi ha venido a saludar. Café. WC. PC. Media hora antes de las ocho me concentro en montar lo mínimo necesario para hacer "piernas" con Maite. 8:00, sesión de piernas en soledad, pendiente del reloj. 9:00, termina la sudada y recojo toda la parafernalia. 9:35, salgo a compras de diario. además llevo encargos de la "enferma". En primera etapa voy a la herboristería, con mi lista "lista" para cumplimentar. Raquel quiere que le compre hierbas para vahos, quiere tomillo, manzanilla amarga y yo le recomiendo sauco; además quiere caramelos de jengibre y limón, y extracto de eucalipto. En la tienda tiene de todo; perfecto. En segunda etapa voy a dar un voltio hasta el Mercadona de Bolueta, para comprar y para estirar las piernas. Hummus -que por fin han repuesto-, grisinis, ricota, 6 cajas de infusiones variadas, guantes de vinilo, miel de las cumbres, pasta dentífrica, ¿algo más?, no sé. He llevado la mochila y la lleno a reventar, pero cabe todo. De regreso compro en una farmacia en la calle Albacete un par de encargos, Lizipaina y Couldina; y en la farmacia de frente a casa compro Vicks VapoRub, que había olvidado en la anterior. En fin, compras de viernes con mujer malita. Al entrar en casa Raquel me recibe con carita de buena: se ha roto el mosquitero de al lado de la cocina, se ha rasgado la malla y no tiene arreglo. Lo de menos es cómo ha sucedido, lo de más es que no queda otra que retirar el viejo, comprar nuevo y colocarlo. Aprovecharé para cambiar la persiana. ¡¡¡Qué trabajitos me manda el Señor!!! Para comer la nena ha hecho mimos, «quiero arroz con tomate y huevos fritos», jajaja. Nada, que a hacer tomate, etcétera, pero feliz y contento. Eso comemos, en plato rebosante, hasta el nivel de saciedad. Y cuando la lógica indicaba que Raquel se acostara a descansar después de la comida, pues se ha vestido para ir a buscar a Terín para acompañarla al médico de urgencias, que tenía cita a las tres y veinte. Una de las tantas y tantas visitas inútiles, consistentes en dar la brasa al galeno que le cae en suerte, explicando con todo lujo de detalles lo mal que le sientan todas las prescripciones y todas las soluciones, su teoría es que nadie da con su mal porque nadie le mira a fondo y nadie le hace todas las pruebas que debieran. Terín está rodeada de ineptos y maliciosos facultativos, que no le dan la importancia que merece ni le dedican el tiempo necesario. Es un horror. Una hora más tarde regresa a casa Raquel con cara de «como siempre hemos ido para nada». Como digo yo: en fin. Durante la tarde me dedico a leer sin pausa en «El elefante desaparece», que lo estoy disfrutando; Murakami es muy guay. Raquel en la cama, sudando su mal. Sobre las siete menos algo reaparece. Le dejo mi sitio en la butaca, ella vuelca el vaso de agua, yo paso la fregona y seco la mesa. Seguido preparo sandwich de jamón y queso, tirando de tostadora. Y en ello estamos en este momento, con el estómago procesando materiales infaustos. En fin otra vez. |