 De cuando en invierno la lluvia golpea en los cristales. Aquel que un día fue un muchacho temeroso ha dejado atrás el calor del hogar y en los puestos de los vendedores ambulantes del Arenal ha echado a volar su polvorienta memoria para que la mirada pudiera buscar tesoros en las apretadas filas de volúmenes diversos a precio de saldo, de un entonces de esa manera fue de donde quedaron en el macuto a cobijo del temporal unas páginas abigarradas en original nipón. 15€ y 12€. 1Q84 Libros 1 y 2, 1Q84 Libro 3. Haruki Murakami en su más expresiva esencia. El proceso gripal, la contaminación vírica, la desagradable enfermedad, todo ello no mengua, profundiza en los síntomas y cansa. Esta mañana he consumido mi última píldora de Frenadol y necesito más, ahora no es momento de cortar el tratamiento, por lo que no me queda otra que ir una farmacia dominical a reponer existencias; a la vuelta de casa hay una que no cierra nunca, como suena, nunca; es una farmacia que su parte trasera es visible desde nuestra terraza. Raquel me pasa un WhatsApp para indicarme que compre también Fluimucil Forte 600; me gusta la idea, incluso estoy valorando la posibilidad de adquirir un surtido de misiles y minas antipersona... El tiempo está revuelto, en la tele hablan de nieve y lluvia a destajo. No veo con claridad qué tipo de atuendo es más adecuado; además estoy con la idea en la cabeza de aprovechar la salida boticaria para caminar un rato y así mover la sangre por todo el cuerpo. Calcetines nuevos Primark, pantalón campana, camiseta negra manga corta, sudadera de algodón, chaleco acolchado gris, y braga de lana, y guantes, y macutito AliExpress. Hecho un adán que salgo. Hecho un adán que inauguro el ascensor del LIDL, que me viene al pelo. En fin, farmacia XXL y ruta descendente hacia la zona de la Encarnación, por calles del barrio que jamás han hollado mis pies. Un deambular que sintoniza a la perfección con mi modo de deambular, sin rumbo pero con destino. Una vez dejo a mi izquierda el hotel Sirimiri hago giro de noventa grados y en el display de pensamiento deletreo "puestos de libros y plantas del Arenal" y pulso "Iniciar". No está proyectada la opción de comprar literatura, ni mucho menos; es como suele pasar, y al de un par de minutos de revisar lomos mis ojos se detienen en unos ejemplares de Murakami, los libros 1 2 y 3 de 1Q84, que están en mi punto de mira desde hace bastante. Por los euros que he comentado en párrafo anterior me he hecho con el lote; datáfono y al macuto a presión. Con la sensación del deber cumplido reflexiono; poca reflexión soporta el mal tiempo y se transforma en decisión firme: a casa en metro desde San Nicolás, como tantas veces. Un garbeo de chichinabo, pero es lo que hay, mi estado físico químico no da para mucho más, qué le voy a hacer. Al llegar a casa encuentro que Raquel ha terminado de cocinar los chipirones y que se está vistiendo para salir a caminar; a Archanda?, sí, a Archanda. Pienso, valoro pros y contras y concluyo que me apunto al paseo. En la calle. Raquel es de piñón fijo. Antes de nada quiere caldo y pincho en el Jarritas, y allí que nos vamos. Muy rico y reconfortante. De regreso a la intemperie notamos gotas de lluvia que salpican aquí y allá, y que expresan que lo sensato es desandar el camino y volver a casa, que lo sensato es dejar para mejor ocasión el paseíllo por las pasarelas del monte Banderas. En resumen, una salida de muy bajo voltaje. Ropa cómoda y relax en el hogar, el plan perfecto. Al mediodía arrancamos con un previo de patatas de Lux y copas de blanco Godello, continuamos con los chipirones en salsa de tinta y chocolate (una innovación de la chavala que he resultado muy expresiva), y arroz basmati para amasar correctamente una buena digestión. Con el buche hasta la marca "Max" la actitud aconsejable es reposar sin compasión, je. Raquel butaca, Alberto cama. En la oscuridad del dormitorio enciendo la tele, selecciono Disney+ y busco la sección "Seguir viendo"; voy por el principio de la segunda temporada de "Andor". No ha pasado ni un cuarto de hora y mis ojos se rinden a la evidencia: me duermo. Apago el aparato y tras ahuecar las almohadas remuevo los temas del pensamiento para dar con algo bueno y estimulante que me lleve de la mano hasta las profundidades luminosas del mundo onírico. Qué gustazo!. Así hasta las cuatro y media. La borrasca golpea las lamas de aluminio de la persiana y también mi curiosidad de primate macho. Me incorporo, subo la persiana y tengo claro que me voy a ver qué hacen Raquel y el señor gatito. Mente despejada y cuerpo adormilado. Juegos con Indi. Merienda con Raquel; la nena prepara sandwiches de jamón y queso a la plancha, riquísimos. En la tableta un rato largo de práctica botánica. En el móvil un fisgar las esquinas de siempre. Al caer la tarde Raquel se relaja en su despachito haciendo yoga; mientras, yo escribo esto... Y dentro de bien poco nos acostaremos, veremos un poco de tele y daremos por finalizada la vigilia de este día; nos queda aún protagonizar las aventuras de los sueños... |