 A primera hora me he levantado muy pronto y me he dedicado a mis tareas de webmaster, en concreto he estado escribiendo código para generar una ventana pequeñita a modo de nota adhesiva. El archivo se llama "uid_nota.asp". Está bastante pulido, pero siempre es mejorable. A las ocho hemos hecho abdominales. Nada más terminar los abdominales me he subido a la elíptica y he estado 35 minutos pedaleando, incluso un rato con resistencia de 20. Me he preparado nada más terminar de sudar, me duchado, y he bajado al Lidl a hacer compras. Leche y verduras en abundancia. 51€ y de regalo un Panettone de limón enorme, que vamos a sacar el sábado en la comida familiar, en los postres. Tras ubicar los víveres he ocupado un rato en despejar el horizonte de los asuntos pendientes: he pedido cita con el Dr. Barbier para la primera consulta, previa a la cirugía maxilar que a su vez precederá a la colocación del implante pendiente, o implantes, que no lo tengo claro. También he escrito a mi asesora financiera para concertar una cita, con doble misión, recoger tarjeta nueva -la mía personal - y estudiar las opciones para mover el dinero del plan de pensiones -en esto estoy a la espera -. Antes de ocuparme de mis cosas íntimas he recordado que tenía pendiente comprar Lamisil, por lo que he bajado a la farmacia; no tenían en ese momento, pero me lo traen para la tarde -me pasaré mañana -. Hasta la hora de comer he estado leyendo en el libro de "Matadero cinco", que Alberto por cierto me recomienda "Cuna de Gato" -he comprobado que lo tengo en electrolibro, y otros cuatro más del Vonnegut-. Estoy disfrutando mucho, y arrepintiéndome de haber tomado la mala decisión de no guardar notas n su entrada de Notas; error imperdonable. Para la comida de hoy he preparado unas lentejas que más bien parecían una sopa de lentejas. Con mucha maña de buen cocinero he conseguido que las lentejas estuvieran comibles, con el restante he preparado una crema muy ligera que la usaremos en la cena. Sobre las tres menos poco me he ido a la cama a descansar. No he aguantado prácticamente nada viendo el episodio que me tocaba de Andor y lo he apagado todo y me he dispuesto a dormir. Cuando me he despertado eran las cuatro y veinte, me ha parecido increíble la cantidad de tiempo que he estado descansando, pero siempre es bienvenido. Me he levantado regenerado. Raquel se prepara y se va a yoga; al poco me llama para anunciarme que no va a yoga, que vuelve a casa para atender sus obligaciones de jefa -qué poco le queda-. Raquel está preocupada por su hermana, y no me extraña. Es palpable que la muchacha está en retroceso interior, perdida en una búsqueda imposible de horizontes luminosos, pero inaccesible a los mensajes de la gente de su entorno; y no avanza... retrocede. Ahora a Raquel se la ha ocurrido una nueva actividad "ilusionante": apuntarse a unos grupos que "cantan". Da lo mismo lo que canten, lo importante es que se juntan y cantan. Raquel ve posibilidades para "enderezar" el rumbo interior de su hermana donde es improbable que las haya. Esther no tiene más salida que mirar hacia dentro y sincerarse con su vida y con su realidad, y comenzar a dar pasos reales. Nada de eso va a ocurrir, Esther busca recompensas inmediatas y la vida no funciona así, todo lo que llena y merece la pena, sea lo que sea en cada caso, todo eso requiere esfuerzo, dedicación, entrega, requiere poner tiempo en ello, a veces mucho tiempo. Raquel siempre saca a colación el tema del "piano", aquello de que "retome" el piano, como si fuera algo que dejó aparcado hace un tiempo no muy lejano, cuando en realidad lo del piano pertenece a la prehistoria de su vida, a un tiempo remoto y casi mítico donde ella era una persona entregada y con un gran presente, que del futuro ya se hablaría. Yo pienso que es un error lo de retomar la idea del "piano". Yo creo que ese piano está ahí, en su salón, recordándole su fracaso, su incapacidad de ir hacia algún destino, ni para delante ni para atrás, el piano es un recordatorio doloroso; ese piano mejor se vendía y en su lugar... en su lugar de entrada: nada; pasado el tiempo... ya se verá. Pero esa opción que yo planteo tiene que pasar necesariamente por emprender una limpieza mental que Esther no quiere hacer, no está dispuesta a desmenuzar su personaje ideal y mítico para dejar al descubierto su persona verdadera, y enfrentarse a sus ansiedades y sus miedos. Una persona que ha decidido que ya no va a conducir porque tiene miedo y no se ve con fuerzas, una persona así necesita hacer algo consigo misma con urgencia, y si se decide a buscar ayuda externa es fundamental que se entregue sin reserva y que no se oculte tras de las fantasías de sí misma. En fin, no sé porqué me extiendo en esto, no hay salida, no va a cambiar nada, sencillamente el camino que lleva le conduce al fondo del pozo, donde las soluciones viene en forma de comprimidos, grageas y efervescencias, donde las esperanzas se ponen en manos de especialistas del corazón y de las vértebras cervicales, donde los mareos y las angustias son herencia de madres y abuelas, donde todo vale excepto mirar en el espejo y echar valor para empezar a cambiar, cueste lo que cueste. Imposible, es muy duro mirar dentro y ver que no hay nada, que "eso" que siempre dices que está, no está, que hay una algarabía de miedos, rencores, angustias y malas perspectivas; sólo oscuridad. En fin, y que deje de beber, importantísimo. En la cama seguimos viendo la serie "Boat Story", que se acerca a su fin. Cuando apagamos la tele sólo nos queda pendiente, el desenlace, el último episodio. |