 Otro día más la actividad tiene su inicio cuando aún falta mucho para que el astro rey haga sus intentos por tomar posesión del cielo: aún así su luz se ha de filtrar sobre todos nosotros. Son las 5:15 e Indi, aupado encima de mi cuerpo yaciente, reclama que se dé comienzo a la sesión matutina de cepillados y alimentación. No hay otra: me levanto, me desvisto del modo nocturno y me coloco los pantalones del modo casero matinal, ésos que Raquel me donó cuando iban derechitos a la basura samaritana. Tras un par de horas largas de actividades rutinarias, tanto gatunas como personales (PC: noticias, y bitácoras variadas) mi voluntad retoma un plan de hace un par de días: colocar la elíptica en primer plano y dedicar a ella sesiones diarias de pedaleo y sudor. No cedo y me entrego, pero espero a que amanezca y a que todas las luminarias se apaguen en casa. Son las 8:31 cuando doy banderazo de salida al recorrido hacia ninguna parte. Música de la lista de "canciones que me gustan" y ropa de batalla total; bermudas recortadas de un pantalón de chándal listo para tirar y camiseta blanca ultrasobada. Durante 50:02 minutos y los correspondientes kilómetros (el simbolismo más palmario que representa los tiempos que habitamos) me dejo llevar por la furia incontenible que pugna por salir y... que sale. Una sudada en condiciones que pide a gritos una ducha y un cadencioso retorno a las pulsaciones en descanso. Las actividades previstas se enmarcan en la lista pluscuamperfecta de un hombre que ansía la paz: el hogar se redime en mí. Dos asuntos candentes: uno, poner a lavar la ropa de cama y llevarla a secar a la lavandería de la calle Santutxu, la habitual en mis correrías; dos, bajar carrito en mano al LIDL a reponer elementos prioritarios de nuestra cotidianeidad alimentaria, las botellas de agua con gas, las de leche entera fresca, los yogures naturales cremosos, las cebollas y las patatas, las menguantes latas de bonito en aceite de oliva, los cacahuetes que no había (lástima) y lo que no suele estar previsto, en esta visita un par de moldes de silicona de color negro para Air Fryer, muy interesantes y muy difíciles de ubicar en el mobiliario abarrotado de la cocina (en fin). De regreso al confort del hogar dispongo de un rato largo para mí mismo, para mis lecturas y escrituras. La preparación de la comida del mediodía no me va a absorber tiempo, apenas media hora de Air Fryer. El primer plato está ya listo desde ayer, la crema de berza, lechuga y patata que guisó Raquel y que sobró como para alimentar a un regimiento, que diría mi abuela; el segundo sólo requiere poner a marinar una pechuga de pavo y poco más. Así que doy el regalo de un par de horas en la butaca dando comienzo a la lectura de un nuevo libro; he apostado por otra obra de Murakami, una que me prestó Tachón hace unas semanas, el "Kafka en la orilla", un volumen grueso, repleto de la prosa seductora del Haruki. He abierto entrada nueva para tomar notas y leo. Sobre la una Raquel sale de su encierro chismoso y me pide que dé comienzo al baile del mediodía. Meto la pechuga en la Air Fryer y la pongo en marcha: 15 minutos por un lado y 13 por el otro. Caliento la crema y cuando la Air Fryer pita indicando la finalización de la segunda vuelta sirvo los manjares. Todo muy satisfactorio. Raquel pide cama y yo me apropio de la butaca; durante un par de horas hay paz en el hogar. Raquel no duerme, está absorta en su tema prejubilatorio, refrescando cada poco el correo con la esperanza de que le llegue el ansiado mensaje "su prejubilación se hará efectiva el 28 de febrero blablablá". Y en efecto el mensaje parpadea en su escritorio móvil y la nena sale eufórica del dormitorio: «Ya está, el jueves es mi último día». Joder, jajaja, por fin. Suspende la salida a yoga y se dedica a chafardear con sus compis comentando las vicisitudes del asunto. Se va descubriendo que finalmente han retenido a más personal del previsto, incluso en su coordinación, donde ella pensaba que no iba a quedar ni el tato, han retenido a casi la mitad. Bueno, yo le he dicho que debiera estar feliz y contenta, que pensara lo duro que hubiera sido que a ella la hubieran incluido en la lista de retenciones, cosa que no ha ocurrido; pero a Raquel le pone mucho hacer un poco de drama y le encanta mostrarse empática, que no estoy en su pensamiento y no las tengo todas conmigo. Resumiendo, Raquel ya tiene confirmación de que a partir de casi ya su biografía telefónica ha llegado a su fin, y en las mejores condiciones; se lo merece. Durante todo el día el tiempo ha sido infame, lluvia persistente y ambiente desapacible. En el Sur llevan días pasándolas canutas, con inundaciones y desperfectos de todo tipo. En Grazalema, en Matalascañas, en Cádiz, en Málaga, en Portugal, en Galicia, en toda la Península Ibérica los temporales no dan tregua. El cambio climático etcétera; no se sabe qué nos reserva el futuro inmediato, y mucho menos el menos inmediato. Un martes importante: Raquel se prejubila. |