 Se ha suspendido la salida montañera a causa de el inesperado funeral en Retuerto a las cinco menos cuarto de la tarde. El monte previsto nos llevaba hasta más allá de una hora de automóvil y con la comida etcétera y el regreso a casa para cambiar de atuendo hacían complicada la gestión del tiempo, por lo que yo me he dado de baja del miércoles montañero, como he dicho. Por otro lado, Raquel había organizado su día para acudir a la central a retirar sus trastos, participar en la preparación del lunch de las chicas de Comercial, y libar y reír sin parar; otro argumento más para no viajar y disfrutar de la paz del hogar -además hay en mi cuerpo los restos del vino tinto y la resaca tiene un carácter señalado-. Todo se reduce a hacer el zángano, unas compras ligeras en el LIDL y salir a eso de las cuatro en dirección al garaje para pasar a recoger a Raquel, Arturo y MAG en la parada de autobús de la central... [Para atemperar el mal sabor de boca me he prodigado una buena ración de arroz basmati tres o cuatro delicias que me han dejado listo para la butaca y la somnolencia mañanera.] Las 16:00. Recojo a los compañeros y vamos al funeral. Allá que están los de siempre, igual que siempre pero más canosos y arrugados, todos menos yo, por supuesto. Poco que contar. Corrillos y chismorreos. Risas con Virgilio. Txerra y Amaia consternados y llorosos. Y poco más. Sobre las 17:30 reingresamos en el coche con un pasajero más: Virgilio. El camino de vuelta lo hago por Enécuri para ir dejando a cada cual en su lugar: a Virgilio en el Arnomendi; a MAG y Arturo en el Hotel Avenida. Antes de meter el coche se apea Raquel abrazada a su caja de recuerdos laborales. También antes de subir a casa compro tres latas de cerveza para Raquel, que parece ser que no ha tenido suficiente alcohol con el consumido en el lunch -y allí me tiene durante un rato bebiendo cerveza y soltando el clásico discurso borracheril del tipo "lo que me he reído, qué bien lo he pasado y qué majos son todos-. Para cerrar el día preparo tortillas francesas, la de la nena con bonito, y a la cama todo el mundo. Un día diferente, pero de repetición innecesaria, y no por malo, sino por olvidable. Me pillan así las cosas, qué le vamos a hacer, aprecio en su justo valor el tiempo personal, que cada vez se va reduciendo... |