La patria de los Godos. (08-11-1998)
Parece ocioso decir que el corazón de la España Goda estuvo situado en Castilla. Más exactamente en esas tierras del Alto Ebro que hasta la Edad Media ostentaron siempre la capitalidad histórica del país. Histórica, militar y a menudo política... En el ámbito de la genuina Covadonga de Cilla Perlata nos encontramos con topónimos tan elocuentes como éstos: Tierra de Rodrigo / Val de Rodrigo (siglo XIII)... O Rodrigoda, en este caso más al oeste y en torno al Lago del Ebro.
Godo no es una palabra germánica, como se piensa, sino euskérica. Significa “dios” y los antiguos Kántabros conocían con ella a sus primeros antepasados... la ermita que estuvo emplazada justamente en Cilla Perlata, en la genuina Covadonga, tuvo por advocación nada menos que la de Nuestra Señora de los Godos de Cilla Perlata. Todavía existe una necrópolis rupestre en su entorno que, por supuesto, no es medieval... huelga decir que esta Virgen de los Godos de Cilla Perlata era la propia Virgen de Covadonga que se veneraba en esta misma población ribereña del Ebro. Godo es una corrupción de Gotto, forma alemana que a su vez se ha derivado del euskera Gozto o Gotzo con el que se designa a Dios, a los ángeles y al Espíritu Santo. Y aquí surge la sorpresa monumental y verdaderamente revolucionaria. Porque ese Gozto basko es una variante de Gazta, raíz del nombre euskérico de Castilla: Gaztella. Los genuinos Godos fueron, pues, los primitivos Gaztellanes o Castellanos del Alto Ebro, conocidos indistintamente -según las épocas- con este nombre y con los de Cántabros, Alabeses, Bizkaínos o Baskonzillos...
En un escrito fechado en el año 900 puede leerse: “He aquí que nosotros, los Gassalianes (= Gastallanes), hemos sugerido a nuestro abad, el presbítero Guisando del monasterio de San Juan de Orbañanos...” Luego en el año 900 los Castellanos se llamaban a sí mismo Gastallanes, fieles al verdadero nombre euskérico de Castilla, Gaztella... Y ahora entenderán los canarios el porque de que todavía sigan llamando Godos a sus invasores los habitantes de la Península Ibérica.
El cuento de Don Pelayo. (01-11-1998)
Ya desde mi primer libro sobre estas materias -Cantabria, cuna de la Humanidad-, vengo defendiendo que nuestro tan traído y llevado Don Pelayo no es otro que el caudillo y héroe por antonomasia de los españoles de ayer y de siempre: Hérkules. O Atlante, como se prefiera, que de ahí el que las siete hijas de este fueran conocidas con el nombre de Pelayas, Peleyas o Pléyades...
El verdadero Don Pelayo al que nuestros ancestros le atribuían todas sus victorias, es el mismo personaje mítico que ha dado nombre a la cruz que adorna la bandera de Asturias: Cruz de la Victoria a la que también se conoce como Cruz de Don Pelayo. Es lo mismo, porque detrás de ella no se esconde otra cosa que el antiguo Lábaro cántabro, a la sazón la primera bandera creada por el ser humano a la que se atribuía la potestad de otorgar la victoria a quien se hallase en poder de ella. Que de ahí el que las indeseables legiones de Roma se afanaran en hacer suyos todos los estandartes cántabros -ornados con el Lábaro o Cruz de don Pelayo-, llegando al extremo inaudito de renunciar a sus propias insignias para asumir la enseña de sus enemigos.
Paradojas del destino, los asturianos de hoy mantienen el Lábaro como bandera. Exactamente igual que los baskos en su Ikurriña. O que los nabarros, diseñado en este caso mediante los eslabones de una cadena. O que los castellanos... La de Cantabria es y ha sido siempre la cruz o lábaro de oro sobre un fondo encarnado.
Covadonga está en Burgos. (25-10-1998)
Allá por el año 1995, en el curso de los estudios que realicé sobre la toponimia e historia remota del macizo de los Montes Albarenes u Obarenes, lamidos por las aguas del río Ebro, ya caí en la cuenta de que el verdadero santuario de Covadonga no había estado situado en los Picos de Europa sino a orillas del materno río Ebro, en el impresionante desfiladero de Tartalés o de La Horadada abierto por las aguas de este río y de su feudatario el emblemático río Oca.
Son pocos los historiadores que le otorgan alguna credibilidad a ese supuesto inicio de la Reconquista en tierras de Asturias, siendo innumerables las tesis que se han elaborado tratando de reubicar el escenario de ese episodio fundamental de la historia de España. Para muchos está clarísimo que aquella legendaria batalla se desarrolló en el valle de Liébana, en tanto que otros dirigen su mirada hacia las tierras de la antigua Castilla Bellexia o Biella. No en balde el nombre del caudillo Don Pelayo aparece estrechamente vinculado al de la antigua sede episcopal de Val Composita, degradada hoy en todos los aspectos, incluso en su nombre, y conocida como Val Puesta: una de las Compostelas que han existido en el ámbito de Cantabria y del Alto Ebro...
Fueron justamente los Montes Albarenes, dada su calidad de puerta de la vieja Castilla y de Cantabria, el punto en el que se concentraron las tropas castellanas, baskas, cántabras y asturianas que le plantaron cara al invasor sarraceno... Umbral que no lograron cruzar jamás de una forma duradera... Por ello, la presencia árabe –como pueblo invasor- en Asturias, Cantabria, Euskadi y Norte de Castilla fue sencillamente anecdótica. Por no decir nula...
Dichos montes se integran en la antigua Cordillea Kantabriana, que ha conservado su nombre en el pueblo de Cantabrana y en la Sierra de Cantabria. Lo que es del todo coherente con el hecho de que el legendario Don Pelayo fuera Duque de los Cántabros. Que no de los Astures...
Pues bien, acabo de saber por Carlos Alonso, cura burgalés, que el monasterio de Covadonga fue fundado por el rey Alfonso I con monjes benedictinos de Cilla Perlata. Monjes que evidentemente se llevaron a la Nueva Covadonga una copia de la Virgen original que se veneraba en el santuario de Covadonga de Cilla Perlata. Copia que, por cierto, se quemaría en el siglo XVII.
El Proyecto “Gran Simio” (18-10-1998)
El disparate concebido por Darwin respecto a la filiación simiesca de la Humanidad sigue su marcha ascendente e imparable... |