¿Por qué, entonces, desde Marx a Lenin, los comunistas desprecian esa realidad tangible de que la negociación produce beneficios a empresarios y proletarios, y que asegura un clima de paz civil que favorece las reformas? Seguramente, porque —hay que insistir en ello— ninguno de ellos trabajó jamás. Son intelectuales que, en nombre de un proletariado que solo ven como abstracción, no como gente real, se proclaman sacerdotes o ayatolás de una verdad revelada: nada menos que el sentido de la historia, es decir, el secreto de Dios. Marx y Lenin se ven como Prometeo arrebatando la luz a los dioses, que es la Luz de la Ciencia, para entregarla a los simples mortales, que arrastran ciegos su existencia sin comprender el Gran Secreto: que el dinero, al que Marx llama Monsieur Le Capital, no es el medio más fácil de llegar a las cosas sabiendo el precio para comprarlas, sino un astuto velo que oculta la realidad de la cosa misma. ¿Y qué realidad? Mientras haya capitalismo no la podremos conocer, ni la vida será vida. Mejor matar o morir. |


