Hubo un tiempo en que conocíamos el mundo al dedillo: era tan pequeño que cabía en el cuenco de unas manos, tan simple que era posible describirlo con una sonrisa, tan corriente como el eco de viejas verdades en una oración. La historia llegó sin trompetas victoriosas: nos arrojó tierra sucia a los ojos. Nos esperaban lejanos caminos sin salida, pozos envenenados, pan amargo. Nuestro botín de guerra es el conocimiento del mundo: es tan grande que cabe en el cuenco de unas manos, tan complejo que es posible describirlo con una sonrisa, tan extraño como el eco de viejas verdades en una oración.
1945, de «Canción Negra»
Este mensaje y sus versos inspiraron a toda una nueva generación en Polonia. Y todavía siguen haciéndolo. Deberían releerlo como nosotros "todos los que saben". Comienza así: "Nada sucede dos veces. Ni va a suceder, por eso sin experiencia nacemos y sin rutina moriremos". Actúen, por lo tanto, de la manera en la que les gustaría ser y pronto serán de la manera en la que actúan, remataría Cohen. |