Si observamos la agenda de los próximos conciertos en las ciudades francesas nos topamos con nombres que allí son celebridades y que al sur de los Pirineos no los conoce ni el tato. Fenómeno que, naturalmente, se produce con el mismo énfasis en dirección contraria. Tenemos, por ejemplo, al gran Étienne Daho, un esteta del pop, de gira estos días con motivo de la reedición de lujo de uno de sus mejores álbumes, ‘Eden’, de 1996. Su nombre puede sonar a los admiradores de Luz Casal: es el autor de su éxito ‘Un nuevo día brillará’ (adaptación de su ‘Duel au soleil’). También a los fans del trío británico Saint Etienne, con el que grabó un delicioso epé en los años 90 bajo un nombre que jugaba con la coincidencia nominal: Saint Etienne Daho.
Pero este cantante y compositor nacido en Orán (Argelia) es un alienígena en nuestro circuito de conciertos, como lo son la mayoría de los artistas franceses que protagonizan las ‘tournées’ más destacadas de los próximos meses. Artistas como el veterano cantautor Maxime Le Forestier, el artificiero pop Philippe Katerine, el épico grupo rockero Dionysos, la neotrovadora Yael Naim o esa encantadora chiflada llamada Brigitte Fontaine. Con algunos ha habido intentos de aproximación en España: al brillante cantautor pop Vincent Delerm (hijo del escritor Philippe Delerm) le organizaron una rueda de entrevistas en Barcelona y un ‘showcase’ en la FNAC hace 13 años, con motivo de su tercer disco, simpáticas actividades tras las cuales desapareció para no regresar nunca más. Algo parecido ocurrió con un joven Raphaël, con diéresis en la e, artista quizá sentenciado por su nombre (España no parece lo bastante grande para dos ‘raphaeles’). La excepción se llama Zaz, dicharachera cantante montada en la ola de su éxito ‘Je veux’, capaz de reunir a 3.500 personas el año pasado en el Festival de Pedralbes. |