 Desayuno a las nueve: bien, sencillo, servido en la mesa, tostadas con aceite y tomate triturado, café y leche a discreción. Un alojamiento que nos ha dado sólo satisfacciones. A las diez y algo ya estamos en la carretera. Sin pausas ni descansos llegamos a Bueu sobre las doce. Los propietarios nos dicen que hasta la una y media no estará el apartamento listo para entregar a cliente. Damos una vuelta, inspeccionamos la zona y echamos un par de cañas. A la hora convenida subimos al ático: Olaláaa, una chulada, una auténtica chulada. El coche lo he aparcado en el propio parking del bloque, y se accede a la planta directamente, genial para el tema equipaje. El apartamento ático está de diez. Dado que la reserva para comer en La Estrella la teníamos para las tres y media, hicimos tiempo dando una vuelta y echando un par de cañas en un chiringuito en la playita de al lado del piso. Un chiringuito muy guapo. La comida. Mal. ¿Quizás no pedimos bien? Quizás, pero nos defraudó un montón. Los percebes tenían tamaño pero estaban gomosos. Los berberechos pasables, pero sin más. Y las almejas a la marinera un desastre: arena, salsa grasosa y sin gracia y tiesas o pasadas o malas. En fin, para olvidar. Y después... Golfear hasta perder el recuerdo... Te levantas al día siguiente y te encuentras en un escenario que denota mucha actividad reciente y que no sabes encajar en la memoria, o que directamente no recuerdas nada a partir del gintoni en la terraza, que compensaba de alguna manera el bajonazo del menú en La Estrella. Y ya. |