aquí estoy otra vez, sentado ante al teclado, esperando a que la luz de la mañana despeje las calles vaya, pienso en las horas que duermo en los últimos tiempos (¿últimos tiempos? suena bien, como para montar alguna historia creativa... «Los últimos tiempos») y no deja de llamarme la atención el asunto; esta noche, por ej., me acosté a eso de las 2 y a las 7 ya no me podía «aguantar» acostado en la cama... ¿algún impedimento físico? ¿un síndrome nuevo? ¿herencia genética? ¿como eso de no poder dormir con la barriga sin descubrir?... pero, vamos que, la verdad es que con esas escasas 5 horas de descanso yo ya me siento regenerado, y, ya digo, pienso en ello y me maravillo, me comento a mí mismo sin ánimo de meter el dedo en la llaga (válgame dios, yo nunca hago esas cosas... !!!) «es consecuencia directa de la calidad multicolor y 3D de tus sueños/pesadillas nocturnas, es la transmutación espiritual onírica, es simple fustración emocional supercomprimida en formato irrecuperable», y a cada día que pasa no deja de sorprenderme el tema, a pesar de que me estoy acostumbrando (¿o no?) pues lo que digo, al cabo del tiempo que me ha llevado construir el párrafo anterior, ya desde mi ventana veo cómo se difuminan las sombras de las farolas y, a lo lejos, lo que hace un rato eran oscuras siluetas de montañas perfiladas sobre el cielo nocturno ahora son las colinas sobre las que crecen los centros comerciales, los barrios residenciales, el estercolero municipal... ; entonces voy y me pregunto «¿qué te parece coleguita si nos calzamos las botas de las 7 leguas y salimos al mundo exterior a participar activamente en el mantenimiento ordenado y natural de las sendas y los caminos, a patear con las sienes musicales atronando jimi hendrix, a recorrer los vericuetos que bordean el acantilado de los suicidas?» y me contesto «vale, me has convencido» así que es momento de partir... |