Seguimos trabajando en la remodelación del pisito de Santelices. Esta mañana Raquel ha tuneado el mueble del baño, forrando por dentro con papel adhesivo. Y le ha quedado muy bien. Mientras, el chache, en el salón , he sudado la gota gorda para sustituir el enchufe de la TV por uno nuevo de color negro que compramos en Leroy Merlin. Las he pasado putas, pero finalmente lo he logrado, y ha quedado también de cine. Y lo más importante: he colocado canaletas para ocultar la tirada de cable que va desde el mueble TV nuevo hasta el registro de conexiones eléctricas que hay tras del sofá. Y también ha quedado perfecto. Mi esperanza en que toda esta sección de los trabajos concluyera con éxito no era muy notable, pero tengo que reconocer que el resultado es óptimo; soy una máquina del bricolaje. Al terminar los curros mañaneros nos hemos dado un pequeño homenaje en el bar Los Llanos: unas rabas de domingo, sentados a la fresca y acompañadas por un tercio frío y espumoso. Y a casa a comer. Raquel ha preparado un guiso de carne del tipo clásico. Unas cervezas en la terraza mientras se termina de hacer el guiso, un disfrutar de la apacible serenidad de la merindad y un no dejarse arrastrar por un exceso de planificación vital, que siempre termina por dejar marca y no arreglar nada. Siesta y cena; huevos cocidos, espárragos y aguacate, regados con un chorro de AOVE y un leve toque de sal. Y a la cama a descansar. |