Un día para ir rematando las reformas en Santelices. La resaca impide grandes gestas en las ñapas, en todo caso permite un surtido básico de tareas caseras, como preparar unos macarrones con bonito para disolver los efluvios nocturnos. Al mediodía Raquel remata sus temas del currelo y nos subimos al coche para ir a IKEA a devolver un montón de cosas y comprar los estores que necesitamos para el salón, dos. La devolución supone una cifra redonda: 100 euros. Es Raquel la que se encarga de todo, pues yo aún voy arrastrándome por la vida por mor del gemelo izquierdo; pero poco a poco mejora la cosa. Raquel en su salsa y a su aire; lo merece, es una nena maravillosa. De regreso al pueblo hacemos una parada en la gasolinera de Bercedo con la intención de comer algún pincho, aunque sea de los potrosos que preparan allí; pero no hubo suerte, la barra estaba desierta, únicamente un sandwich de chaka lucía solitario en un plato medio mugroso. Me lo comí con gran esfuerzo... Una vez en el pueblo nos apalancamos y esperamos tranquilamente a que apareciera Rebeca, que como todos los años no se pierde la verbena de las fiestas de Pedrosa. Llegó sobre las nueve y pico. Vino con la cena: unos sandwiches del EME; bien. Y allá se fue la chavala de verbena, tan feliz y contenta. Nosotros? A nuestro ritmo habitual, un poco de serie en la cama y a sobar. |