 Amanece, hace frío. La campa luce un brillo sutil, la hierba se regodea en el rocío y el recuerdo de la llovizna reciente hace florecer la nostalgia y una sonrisa tímida que ilumina el recuerdo de otras tantas veces y otras tantas campas derramando el petricor de sus aromas.
Nada mejor que matar el tiempo hurgando en la Red. Noticias intrascendentes de guerras crueles; prototipos de motores electromagnéticos aún sin patentar; traspasos millonarios de futbolistas en su más espléndido declive; versos y canciones en inglés; y traductores biónicos explayándose desde su nada telemática para dejar en reposo nuestras atormentadas almas intangibles. Un despertar a un mundo en paz.
Cuando la imagen de Maite se desvanece en el más allá del trípode Xiaomi, llega el momento más esperado: la cebolleta en laminados gajos que se deshace lentamente al fondo del hierro forjado en rojo pasión. Es mi más esperada receta que regresa y se desarrolla en versión alfa, mi salsa tomatera aliñada con pimentón dulzón, pulpa de pimiento choricero y polvo en suspensión de pimienta recién exprimida. Lo pruebo y me concedo un 10 sobre 10. Todo listo para el espagueti que adora Raquel.
Salimos. Caminamos unos metros, nos miramos: hay acuerdo. Hago un pase y gambiteo; las llaves del Lodgy ondean en silencio junto a la puerta. Es casi mediodía y hace frío. Mejor circular en coche para rodar hasta el bar de Ascen. Son empanadillas y alegrías riojanas que nos esperan, y un par de Estrellas Galicia, frías como témpanos.
La cartera contratada de aquella manera nos encuentra sentados en la terraza de Los Llanos. Por la ventanilla de su coche en marcha le hace entrega a Raquel de las 5 bombillas vela que un rato más tarde sustituirá por las viejas ya gastadas y por las fundidas. Cosillas sin importancia, cosillas que no pululan por la maraña telemática, pero cosillas que son cosas para nosotros dos.
Más tarde, al mediodía, cocino los espaguetis que cantaba Van Morrison con voz negruna y toques sutiles de guitarra acústica. Tantos adjetivos, tantas palabras de color, tantas canciones de amor.
Siesta larga, siesta y hace frío.
¿Cenar? Sólo quedan 2 huevos... |