 Un día completito. A primera hora, envueltos en la niebla, subimos juntos los tres, Raquel, Zara y yo, por el camino de La Cruz. En el cruce de senderos antes de la primera rampa Raquel inicia el regreso para ocuparse de sus cosas de Coordinadora, y Zara duda. Zara duda con quién continuar el paseo; pero duda poco, la opción regreso con la chavala es poco atractiva, así que decide seguirme. El día es fresco, nebuloso, sirimiroso. He sacado del baúl de los recuerdos un chubasquero muy molón; se supone que es impermeable, por lo que me lo pongo. Zara preside la caminata. En Paño la niebla se apodera del paisaje. Mi pierna izquierda no me da guerra; guays. La ruta elegida hoy en función de la cosa climatológica es recorrer el sendero bajo Dulla, el que vira hacia San Martín, y hacer el regreso por el camino de Pedrosa. Hay un nota discordante: hay un par de escopeteros tocando los cojones. Están en Paño. Creo que están haciendo una batida a los corzos, aunque no tengo claro que esté permitida la caza de esos animales ni si Paño es un lugar apto para la caza. Pero paso, no es plan de amargarme la vida dando vueltas a estas cuestiones y más cuando el mundo está a puntito de irse a la mierda. De regreso me acicalo y decido ocuparme de unos asuntos pendientes en la casa: el poner orden en mi ropa y en los cacharros de bricolaje. Me tiro un par de horas a tope. Sale mucha cosilla para la basura. Finalmente dejo aquello de pita madre; lo estaba pidiendo a gritos. Raquel ha preparado unas deliciosas carrilleras con patatas. Comemos y siesta. Tras el sueñecito reparador nos ponemos ropa de ir a Reinosa y nos vamos para allá. Primero parada en el LIDL. Compramos dos pesas de 5 kilos, una olla de aluminio super chula, y vino y hortalizas y etc. Segunda parada en el MegaChino. Compramos perchas, capas de lluvia de usar y tirar, bridas verdes, un molde de silicona para hacer pasteles de bonito y etc. Tercera parada en el centro de Reinosa. Echamos una caña en un bar nuevo que hay en la esquina adyacente al bar chulo de siempre. Y en casa Lázaro compramos cuatro cosas: vainas, melocotones, queso y jamón dulce. Y rematamos la visita al pueblo en el bar de las anchoas, tan rícamente. En Reinosa se empieza a notar ese fresquete tan característico. De regreso observamos lo mucho que ha bajado el nivel en el pantano del Ebro. La niebla cubre las cumbres que nos rodean. Al acceder a nuestro valle de Valdeporres el sol luce espléndido. Raquel prepara unas tortillas francesas y sin más preámbulos nos acostamos. Un día activo y sereno. Un día que uno desearía que fuera el molde al que se ajustaran el resto de los días. |