 Un día muy muy relajado, hasta que al caer la tarde me uno a la nena en la ruta cervecera y preparo un coctel ardiente en mi aparato digestivo; a punto ha estado de ser un día perfectamente sano, pero no. A primera hora salgo a caminar por la parte de la Vía Verde que le gusta a Raquel. Tiro un montón de fotos y disfruto de la calma ambiente. Al llegar a Valterria opto por coger el sendero que gira a la izquierda y que termina un poco más allá de la Estación del Tren. De regreso a casa hago una parada en el bar de la Piscina y me como un pincho de tortilla con una 1906; una gozada, toda la terraza para mí, paz y relax. Una vez en casa y a la espera de que Raquel prepare un arroz con pollo, me apalanco en la cama con Indi y remoloneo durante un par de horas. Y nada, Arroz sabroso, botella de reserva de Ribera de Duero y a echar otra siesta. Raquel, por el contrario, continúa con la fiesta. Cuando me levanto de la siesta Raquel está en la terraza triscando cerveza y con evidentes ganas de agarrarla. No sé cómo esquivar el momento y le sigo la corriente. Le sigo la corriente durante dos 1906 en Valterria y otras dos en la Piscina. El estómago me arde, pero aguanto. Es de noche cuando arranco a la nena de la terraza de la piscina y nos vamos a casa a cenar una sopa con huevos escalfados. Raquel cae en la cama como un cesto, y yo me termino la tercera temporada de Goliath y doy comienzo a la cuarta. Un día con un desenlace inesperado, que diría Tolkien. |