Situar en el tiempo el descubrimiento del cannabis y de sus propiedades es muy complicado. Al respecto, sabemos que el consumo de algunas plantas medicinales, psicoactivas y alucinógenas ya se daba en el Neolítico. Varios yacimientos en China y Europa, en los que han sido encontrados restos de semillas, corroborarían semejante afirmación, encontrándose el cannabis entre estos.
La domesticación de la planta del cannabis y su total conocimiento no se dieron hasta la antigüedad. De nuevo, las fechas son inexactas y algunos expertos afirman que la domesticación del cáñamo se produjo junto con la de la cebada o el trigo.
Las evidencias arqueológicas, por otro lado, apuntan a que la explotación de los productos de la planta se habría dado, como muy tarde, en el III milenio antes de Cristo, en la antigua Mesopotamia. Allí, tanto sumerios como acadios conocieron la existencia de la planta, y en muchas ocasiones llegaron a aprovechar sus dones en busca de poderosos calmantes para los dolores.
Para los asirios, una de las civilizaciones más relevantes del arco mesopotámico, el cannabis constituyó una planta bastante útil. Los productores extraían de ella las resinas psicoactivas, con las que se confeccionaba un poderoso y demandado incienso: el qunnabu. Este preparado elaborado a base del producto psicoactivo se extendió por todos los templos orientales y su función era la de propiciar el contacto con la divinidad y, de paso, endulzar los cerrados ambientes de los templos.
Bajo el nombre de shemshemet, el cannabis en la antigüedad egipcia es mencionado repetidas veces en varias inscripciones y tratados médicos, recomendándose su uso para todo tipo de dolencias. |