 Sí, lo más normal, lo que sucede habitualmente, habitualidad habitual, es que las tardes fluyan como exhaustas por mi textarea en blanco, casi en blanco, cubierta quizás por las palabras de la mañana y del mediodía, por las cosas relevantes que acontecen a la luz del sol, o a la sombra de los momentos más cargados de energía, o como se quiera explicar. Creo que no siempre es así, es más un argumento matemático, probabilístico, estadístico, logarítmico, que tiene que ver más con el azar que dispone e impone que con las realidades de los hechos y las fuerzas en acción. Creo. Esta mañana he viajado en metro hasta el intercambiador de San Nicolás para subir al convoy que viaja en dirección a Lezama o a Matiko, pero que siempre hace un receso en la estación de Uribarri, mi destino. He descendido con paso seguro del vagón y tras otear las dos opciones de salida he optado por la que decía "San Valentín de Berriochoa". Desde luego, y más para un intelectual de mierda como yo, eso me ha dado juego, me he puesto a pensar... «San Valentín de Berriochoa, qué obsesión tienen los nacionalistas vascos con los santos y las vírgenes, pero cero patatero con los dioses y menos aún con los semidioses; no hacemos carrera». Hace tiempo que dejé de decepcionarme con los convecinos que se arrastran sonámbulos tras la sombra cenicienta de la enseña de Sabino; una fatalidad, una desgracia que nos acompaña a todos los vascos de nuestra época, una pesada carga que nos embrutece y nos empequeñece; una eme. Llovía, no demasiado, no incómodos chaparrones sino fugaces goteras celestiales, humedades y ráfagas delicadas, frescores de Bilbao, de los de toda la vida. Daba bastante lo mismo en mi caso: paraguas de metro de diámetro, chamarra forrada en azul y suavidad y calzado goretex; todo lo imprescindible para no temer "al tiempo". Esta mañana sí tenía contenido, sí. Esta mañana, a las doce, cita en la sucursal de Trauco de la BBK, la que ya existía en su lugar mucho antes de que surgiera del subsuelo una boca del metro de la línea 3, o 4, o 5. En esa sucursal contraté la hipoteca del piso de Sani, hace ya unos años, en el 2005 ¿?, puede. Mi partenaire se llama Maialen, y no la conozco. Maialen sustituye a Kristina (Cristina en cristiano), que sucedió a Rubén (el gallego), que sucedió a su vez a Itxazne (sin nada a destacar). La Kristina era una monada; sin más. Maialen es de Vitoria Gasteiz y vive en Sopelana, que dice que le gusta, y que le supone recorrer en coche todos los días el puñetero trayecto que yo tan bien conozco, y que no se lo deseo a nadie; Raquel me ha dicho que bien puede coger el metro, y no le falta razón. Maialen es simpática, joven pero no mucho y mona pero sin exagerar. Me ha aconsejado en asuntos financieros, uno de mis puntos débiles; otro de mis puntos débiles. Me sugiere que no toque la pasta del plan de pensiones, hasta que no tenga alguna necesidad de ella. Fiscalmente me conviene seguir tirando del dinero de la cuenta de crédito, que aún atesora unos miles, y que si llegado el caso se hacen necesarios otros dineros ya se verá. En cualquier caso al salir de la sucursal yo me he notado más ligero, más etéreo, como si flotara en el aire sutil de Uribarri (Ciudad Nueva¿?). Dejar aparcadas las incertidumbres económicas a mí me sienta... bien. Y, claro, vistas así las cosas, es muy normal que de nuevo tenga que dejar los acontecimientos vespertinos como en segundo o tercer plano, como irrelevantes. Que Raquel cocine guisantes; una primera tanda fulminada en la olla express; una segunda exitosa, tras no abusar del tiempo de cocción, de hecho ha apagado el fuego en cuanto ha subido la segunda raya, tú sabes. Y unos filetes de lomo de Teruel; sin más. Ah, y una botella de cava íntegra y otra mediada; pero muy bien, sin cruzar la línea roja, como ha de ser. Y Raquel con el chaval a ver alguna peli rollo de ésas que les gustan, y yo en la butaca dormitando primero, comiendo pipas después. Más cosas. Esther, Rebeca y Jorge comiendo en Erandio, en casa de Jorge, por mor de algún motivo que desconozco. Se beberá abundantemente. Ah, Txetxu no va; hace bien. Creo que en el campo de los hechos no se me ha quedado nada por anotar. Otra cosa es el campo de los pensamientos y las emociones... Estoy redescubriendo la música de Chicago. El LP "Chicago VII" es una pasada. El guitarrista, Terry Kath, me ha flipado. Pero, vamos que, en general, Chicago... a recorrer sus discos buscando joyas, que no tengo dudas de que existen, que están ahí esperando a que me derrita escuchándolas, y hacia las que voy como niño inmaculado y sin temores, con la mirada limpia, como soy yo en lo hondo, en lo recóndito, en donde estoy yo, en mí. Siempre hay sorpresas si se está abierto a darse con ellas de bruces, sin miedo al giro insospechado, deseando cambiar el rumbo, jeje. |