Esta lluvia no me mojará jamás
sábado, 28 de enero de 2023

Bueno, pues esto es una pura verdad; en cualquier caso la verdad no puede ser impura, creo; en realidad no me apetece pensar en ello, es un esfuerzo sin recompensa, una delicada reflexión que no conduce a ningún lugar, no eleva ni sumerge, no traslada ni retrotrae, un pensar sin finalidad; o eso creo; no es mi fuerte; además... ¿la verdad? la verdad me supera por todos lados, no está a mi alcance; cierto, cierto que suelo decir que para manejarse uno bien con un instrumento musical no hay otra que dedicar al empeño un porrón de horas y mucha concentración; imagínese alguien lo propio para escalar un par de peldaños en el universo del pensamiento abstracto, en el océano de las ideas difusas; filosofía de la buena, para que se me entienda.

En Bilbao hoy no ha dado tregua la llovizna, incluso la lluvia. Raquel y yo nos hemos pertrechado bajo un par de paraguas plegables de tres al cuarto, de los que solemos comprar en el Tyger de rigor, de los que no apena perder o romper o regalar o tirar. Un calzado impermeable es fundamental, imprescindible; los de Bilbao, los de Bilbao Bilbao tenemos nuestro repertorio completo de material antiaguas. Y voy a contar que la salida mañanera no ha sido nada azarosa, no, había objetivos tangibles; por ejemplo ir a Decathlon a mirar pantalón grueso y abrigado y estiloso y negro para que Raquel no sufriera los rigores de la climatología adversa cuando viajáramos a la España Continental en el más atribulado de los meses; febrero, de febrero estoy hablando; por ejemplo ir a comprar un pollo asado en el Rally de Egaña, ése que tiene ganada fama de ser el más tostado, fresco, jugoso y crujiente de todos los pollos que se asan a este lado del Nervión, y más allá; por ejemplo visitar la planta de mascotas del Corte Inglés a fisgar los materiales allá expuestos. Ah, el muchacho de Amazon ha tenido suerte esta mañana al picar en nuestro videoportero; no estábamos en casa, pero sí estábamos al otro lado de la calle observándole picar; jeje; he silbado con gran estilo y he correteado entre los coches para recuperar el paquete que esperaba Raquel: zapatillas Skechers que para su desgracia ahora le quedan grandes... a devolver éstas también (las anteriores eran pequeñas; no hay talla para ella, me temo); y pido disculpas por haberme desplazado tan rápido por la línea temporal, esto ha sucedido al regresar de las andanzas por el centro.

¿Dónde estaba? Ya, estaba caminando bajo un paraguas negro plegable, abrigado por mi chamberguito azul y plástico, cubierto mi lustroso cráneo con mi gorra de lana gruesa, calzando las botitas nuevas del Decathlon. En el Jarritas hemos hecho un alto rápido: caldo y pincho. El Casco Viejo lo hubiéramos atravesado como si tal cosa si no fuera porque al pasar delante del Tezenis yo he tenido la brillante idea de echar un vistazo dentro, por ver si tenían para mí alguna sudadera de cremallera, una de ésas que tanto me definen y mucho más me distinguen, o viceversa. Y la tenían: 25€ en sudadera negra con coderas tono naranja, cuello sin choto, también más de mi agrado. Raquel nada, ohhh. Luego sí; luego sí que hemos cruzado el puente del Arenal para acceder al Decathlon para que Raquel se probara sin éxito media docena de pantacas negros más feos que feos; horribles; por suerte le han resultado agobiantes y, aunque no he sido digno de presenciar las probaturas, supongo que no le quedaban especialmente bien; ¿a qué no?.

Corte Inglés, planta 6, sección mascotas: bolsa de pienso para muchachos sorpresivamente eunucos al precio de 11€, creo. Un Corte Inglés en plena muda de piel; ya se sabe que mientras dura la muda la vulnerabilidad es muy grande, hay un peligro latente en el ambiente, es algo que se respira en cada planta, en la de lo audiovisual las sensaciones de descontrol se palpan, ahogan; del resto de plantas nada que destacar, quizás... ¿nada?. Ya en la calle, hemos cruzado a la tienda germánica que vende menaje de cocina junto al gabacho FNAC; es la expresión prístina de la cooperación francoalemana que ilumina los designios de la Europa de los Cojones; bueno, lo sé, una falacia de las gordas, no hay quien se lo trague; ¿o sí?. Un menaje de calidad, con gran diseño, los más de los elementos con un toque de estilo levemente viejuno, y el resto sin alma; menaje indiferente; he salido como he entrado: limpio de polvo y paja. Además Raquel me ha dicho: «te invito a un vino rico»; irresistible proposición. Antiguo Passarella, local de inspiración italiana que ahora vende un lujo de clase media alta, eso que cualquiera sabe que no es otra cosa que burguesía pura y dura, de la que suelo echar mano para descubrir la cara oculta de mucha gente de izquierda que conozco, porque de la que no conozco no puedo decir nada, ¿o sí?. Nos hemos pedido una copa de un tinto de Valencia a 3,80€ la copa; carillo pero rico; y un par de minibocadillos de tortilla francesa con tomate y jamón o algo así; en total nos han clavado 11€; casi ná; la cuenta la hemos abonado con la nueva tarjeta Gourmet de la nena; un chollo aflojar la pasta así, resulta indoloro, ¿o no?. Y a Egaña, a comprar pollo; eso sí, tras pausa técnica en Casa Jesús para degustar unas anchoas fetén regadas con un caldo de Valencia, un "Mestizaje"; otros 23€ del ala.

En la Pollería de renombre no había cola; sospechosa circunstancia; quizás sea la lluvia, quizás el frío, quizás quizás. El pollo 8,50€; en un local anexo hemos pillado una botella de tinto de Ribera del Duero, porque yo me he puesto pesado renegando del Rioja con el que te entran en todos los lados en este Bilbao de mis amores; se ha encontrado algo diferente, ¿o no?. Al metro en Indautxu y a casa; ahora viene lo del muchacho de Amazon con las zapatillas Skechers de Raquel...

¿El pollo? Decente; hemos dejado bastante, Raquel la pechuga, yo el muslo y el contramuslo; tienen destino esos restos: mañana prepararemos tacos rellenos de pollo asado y verduritas pochadas; planazo, veremos.

Y tele y móvil en la butaca, con el chaval haciendo la croqueta sobre mis partes; unas imágenes de nieve y persecución lobezna sobre la nieve, Liam y los lobos que se lo comen, the end y tú vas y te imaginas lo que quieras; nada de interés.
Estoy a tope con la música de Chicago, de Chicago Transit Authority of course, descubriendo joyitas al azar; una gozada que recomiendo a quien le guste escuchar buena música, instrumentos que suenan ambiciosos, ritmos y mucho flow, jajaja. Y ahora voy a salir de aquí para preparar la cena: vainas con patata y zanahoria, que la nena está flojilla del estómago y tengo que intentar sanarla, o algo; veremos.

#tezenis - #corteingles - #rally - #polloasado

© Zalberto | enero - 2026