 En menos de un par de horas tenemos todos los bultos bien organizados, encontrando su hueco en nuestro maravilloso coche. Y a eso de las diez salimos del apartamento del Rincón de la Victoria. Antes de salir a la autopista hacemos un pase por el Mercadona, para llegar a Órgiva y poder llenar mínimamente la nevera. Y viajecito corto hasta La Alpujarra. Al atravesar el pueblo nos parece lo más oportuno el hacer una parada técnica en el hotel, en el empalme, para refrescar el gaznate y saborear de primera mano los aromas alpujarreños. Son las doce más o menos cuando hacemos entrada triunfal en el cortijo. Todo está en su sitio. Pocas novedades; la más notable es que han cambiado los fuegos de cocinar, han puesto unos estupendos, tres en vez de cuatro y con autoencendido; muy chulos. El resto? perfecto, sin pegas. En un frenesí de ordenamiento, colocamos todos nuestros trastos en sus sitios correspondientes y de seguido, y tras un chapuzón inagurativo, preparamos el festejo con comida (presa con patatas fritas) y bebida (cervezas y unas copas de Barbadillo, que Raquel retira rápidamente para evitar que aquello se fuera de madre... que se fue), y petas por supuesto. Así pasamos la tarde del primer día de vacaciones alpujarreñas, haciendo el golfo; en fin. Mañana... resaca inevitable. |