 Maite ha decidido que demos un paso adelante, y nosotros dos no nos resistimos, pero hacemos lo que podemos, o lo que nuestras mentes nos conceden. Y al cabo de esa hora, de ocho a nueve, dejamos que el resuello vuelva a su ser y sin pausa pensamos en un almuerzo reconstituyente: algo con huevos, algo con proteínas, algo sabrosón, o algo al menos. Raquel está automedicándose amoxicilina e ibuprofeno: le duele una muela a la pobre; a ver. Así empieza nuestra mañana de lunes. Poco después, me ducho. Limpio y perfumado salgo a... nada básicamente, pero es fácil encontrar un «adónde» o un «para qué»; yo he fabricado una necesidad de lomo adobado y un estirar las piernas. Bajando por las escaleras de Solokoetxe, que ya he dicho mil veces que están en obras para remodelación postmoderna, me incorporo al flujo turístico de las 7 calles de Bilbao. Voy en busca de la antigua calle Tendería, ahora Goienkale o algo así, que viene a ser lo mismo pero traducido como cogido al pelo, ya sabes, cosas típicas de los nacionalismos del siglo pasado -ay amaaa-. He comprado lomo adobado, le he dicho al muchacho gordito con perilla: «ponme dos paquetes de seis tajadas ni muy gordas ni finas, por favor»... «y una morcilla». El muchacho ibérico me ha puesto al día de la evolución del negocio del cerdo. En el Casco Viejo hay dos tiendas, una en Tendería y otra en Artecalle; antes había otra en la calle Correo, pero cerró. También cerró una tienda enorme que había en el Ensanche, frente a la Mutua -¿la Mutua?-. Me ha explicado que son consecuencias del confinamiento y todo aquello -qué tiempos más dulces-. Luego he deambulado por el callejero, visitando locales habituales: Tyger, Tezenis, y tal. Para regresar he preferido ascender a Santutxu subiendo en el ascensor de Achuri, más por pereza que por otra cosa. En lo alto, Soraya me ha atendido en la frutería, me ha vacilado con los huevos y me ha buscado dos aguacates ni muy maduros ni muy verdes; qué grandes momentos de esta vida que se consume sin pena ni gloria. Lentejas con morcilla. Una botella de tinto Ferah. Una botella de un reserva Rioja de Ondarre. Un apalanque. Un poco de televisión: Northman. Una tarde templada de agosto. Raquel yendo de compras. Yo haciendo devolución en Amazon de la nevera portátil que era para Rebeca como regalo de su cumpleaños, que es el 16. Y aún algo más: son las 7 PM. |