 La datación por radiocarbono la sitúa entre el 6.000 y 5.800 a.C., varios cientos de años más antigua que los yacimientos lacustres conocidos hasta ahora en las regiones mediterránea y alpina
En las aguas del lago Ocrida en Albania se esconden los vestigios de una de las comunidades sedentarias más tempranas de Europa y la ciudad lacustre más antigua descubierta hasta la fecha en este continente. Según un grupo de arqueólogos se trata de un asentamiento de casas sobre pilotes que se cree que acogió este lago en el sudeste del país balcánico hace alrededor de 8.000 años. Las muestras recogidas en el lugar se analizaron en un laboratorio en la Universidad de Berna, donde los sistemas de datación de radiocarbono las situaron entre los años 6000 y 5800 antes de Cristo. «En comparación con otros yacimientos lacustres en las regiones del Mediterráneo y los Alpes, es varios cientos de años más antiguo que los conocidos hasta ahora», asegura Albert Hafner, profesor de arqueología en esta universidad suiza y quien está al mando de la expedición. Además, afirmó que «hasta donde sabemos, el yacimiento lacustre en Lin es el más antiguo de Europa».
El asentamiento lacustre más antiguo
«En los Alpes septentrionales, los lugares más antiguos datan de alrededor del 4000 a. C., mientras que más al sur, en los lagos alpinos italianos, (se remontan) alrededor del 5000 a. C.», detalla Hafner, experto en asentamientos lacustres europeos en el Neolítico. Por otra parte, los investigadores consideran que el asentamiento de Lin estaba compuesto por casas erigidas sobre pivotes en la superficie del lago o en zonas regularmente anegadas por las crecidas. Ayudados por submarinistas profesionales, los arqueólogos han podido escarbar en el lecho del lago para descubrir fragmentos fosilizados y piezas de roble. El posterior análisis de los anillos de la madera del roble recuperado ayudará a los investigadores a reconstruir la vida diaria de los antiguos habitantes de la zona y aportar «valiosos conocimientos sobre las condiciones climáticas y medioambientales», de este periodo, según ha indicado el arqueológico Adrian Anastasi. En este sentido, Hafner subraya que «el roble es como un reloj suizo, muy preciso, como un calendario». Por ello advierte que «para entender la estructura del asentamiento sin dañarlo, estamos realizando una investigación meticulosa, moviéndonos muy lentamente y con mucho cuidado». Este nuevo asentamiento descubierto habría acogido entre 200 y 500 personas, según las estimaciones iniciales. «Construir la aldea sobre pivotes era una tarea compleja, muy complicada, muy difícil, y es importante entender por qué esta gente se decantó por esta opción», ha afirmado Anastasi. De momento, los científicos tienden a asumir que el pueblo dependía de la agricultura y el ganado domesticado para su supervivencia. En este sentido el profesor albanés de arqueología Ilir Gjepali, quien también trabaja en el asentamiento informó que se habían encontrado «varias semillas, plantas y los huesos de animales salvajes y domesticados».
La necesidad de levantar una fortaleza
Anastasi asegura que cada excavación aporta valiosa información que permite al equipo componer una imagen de la vida en las orillas del lago hace miles de años, desde la arquitectura de las viviendas a la estructura de la comunidad. Tras una inmersión de dos horas, Kristi Anastasi, otro investigador albanés especializado en arqueología submarina, ha recuperado cerámicas y fragmentos de herramientas de sílex del fondo del lago. Todas estas muestras se enviarán a los laboratorios universitarios en Berna para un análisis más detallado. En una de las últimas inmersiones, los arqueólogos descubrieron pruebas que apuntan a una buena fortificación del poblado, que habría tenido miles de tablones con pinchos usados como barricadas defensivas. «Para protegerse de esta forma, tuvieron que talar el bosque», explica Hafner. Ante ello, los expertos se preguntan por el porqué estos pobladores tuvieron que levantar tales defensas. Aunque la respuesta no lo tienen claro, estiman que alrededor de 100.000 estacas fueron clavadas en el fondo del lago Lin. Para Hafner, el descubrimiento fue «un verdadero tesoro para la investigación». Y concluye afirmando que estos asentamientos prehistóricos son «claves que interesan no solo a esta región, sino a todo el suroeste de Europa» |