Lo sé, ahí también duele, y, dependiendo de a quién, puede doler bastante. Lo digo sin asombro ni recelo, ya no consigo empatizar un ápice con el pensamiento nacionalista y en todo caso un pelín con el sentimiento. Pero cuando me lo encuentro de frente no puedo evitar sentir una repulsa, una repugnancia, un abominar de la ignorancia. En fin, es un comentario que surge del recuerdo de un caramelo peneuvista que me ha mostrado una entusiasta Terín, transmitiendo el mensaje de que ella vive su fe hasta las últimas consecuencias -me da más por culo... -. El día ha comenzado con esa tensión interna que nos posee a Raquel y a mí cuando se avecina una reunión familiar con la cuadrilla de Barrica-Barrika. El silencio y el atronador sonido de los pensamientos absorben toda la atmósfera y hay momentos en los que casi cuesta respirar -metáfora literaria, se sobreentiende-. Sobre las 12:10 hemos quedado en pasar a recoger a Terín por su casa para esperar la llegada de Jorge, la Tata y MariLoli, y circular los seis hasta la comarca de UribeKosta-UribeCosta. Cuando faltaba media hora para la hora D le he propuesto a Raquel demorarnos un rato echando un pincho, para calmar los nervios más que nada. Dicho y hecho -como suelo decir demasiado a menudo-. Nos hacemos un hueco en el Extremeño y nos comemos un pincho de tortilla. Por cierto que Karim había montado una humareda importante, preparando torreznos, nos ha informado. A las 12:05 tocamos el timbre a Terín. A las 12:15 baja a pie de calle, cargada de tontadas; supongo que poseída por los nervios, también. Y subimos al coche de Jorge, camino de Barrika-Barrica. Bueno, y, como no quiero hacer de esto una narrativa detallada y aburrida, quiero resumir en pocas palabras las horas que pasamos allí. Llegamos a las 12:50, partimos a las 19:10. Nosotros aportamos al ágape 5 botellas de Rioja, 3 de Otoñal y 2 de Laztana -vinos que aceptan de buen grado los nacionalistas-. Jorge se presentó con dos empanadas de Orense, de Carballiño, decentes, sin más. Esther llegó con su nevera portátil, un elemento que se acopla perfectamente a ella, y cargada de latas de Amstel ORO, demasiado intensas para mi gusto -no para el ella, que ya se sabe...-. El menú consistió básicamente en longanizas a la brasa y picoteos variados, simples y punto. De postre repitieron los megahojaldres que tanto les entusiasman a todos y a que mí me dejan frío. Afortunadamente para mí también circularon por la mesa un par de platos de queso, uno que trajo Jorge y otro que trajo la pareja de Julen, Alazne, una jabata sin más pena que gloria, como él vamos, el Julen, otro que tal baila. Y bien. Yo me he contenido mucho con el bebercio, de lo cual me siento bastante orgulloso; supongo que mi motivación nace de una necesidad de control que se pone por encima de cualquier otra necesidad. ¿El resto de la peña? Lo habitual. Juan Luis el más encendido, seguido de cerca por Esther y Jorge. A continuación y empatadas a los puntos, Nerea y Raquel. Por último, y en este orden descendente: Rebeca, Zalberto y Txetxu; los perretes no cuentan. Una huerta estupenda y un tinglado fetén; excesivo para mí, sin duda. Pero mira, nos hemos traído de vuelta un bolsón repleto de tomates y un calabacín XXL; por cierto que hemos cenado uno de los tomates, uno de los enormes, y estaba delicioso. Ya en Santutxu, aún Raquel y yo nos echamos unas Alhambras en el Extremeño, para poder comentar alegremente los mejores momentos del día. Y otras dos latas en la terraza antes de preparar la cena. ¡Cómo somos eh!. Punto, una jornada no deseada que ha quedado atrás. Y eso es todo. |