 Prepárense todos, que hoy toca jugar al juego «¿Adónde nos llevará a comer Rebeca?», uno de sus juegos favoritos. De entrada, nos ha convocado a todos en La Oka a las 12:30. La hora es un poco sospechosa; pronto como para ir a comer en un radio cercano; más propicia para tener que desplazarnos a los alrededores de Bilbao. Pues nada, echamos un rato en La Oka y nos ponemos en marcha. En la Plaza Elíptica Rebeca echa el freno, se gira hacia un bus y se dispone a subir: creo que vamos en dirección Munguía, jeje. Un clásico paseo en autobús. El famulio haciendo risas y comentarios ocurrentes. El tiempo fantástico: soleado, pero no excesivamente caluroso. Llegamos a Munguía. El bus atraviesa el pueblo y continúa su viaje. ¿Dónde iremos?. Ya empezaba a resultar evidente el destino; todo apuntaba a Bakio. Efectivamente, en Bakio nos apeamos. Luce solazo y buscar la sombra es una prioridad. Por suerte el restaurante elegido se encuentra a pocos metros de la parada del bus: Fuego Argentino, un asador al estilo de la Pampa, muy chulo. Creo que con echar un vistazo a las fotos es suficiente para hacerse una idea del lugar. Por añadir algo más, decir que hay que andar con ojo a la hora de elegir los vinos, si te descuidas te la pueden clavar, jeje. Después de comer nos dimos un paseíllo hasta la orilla del mar; unas cañas y al autobús de regreso. Por cierto que en el bus hicimos muchas risas a cuenta de la cantidad de chavalería que subió en las paradas de Munguía; gentes que iban a Bilbao, al chupinazo y tal. El bus iba a reventar. Inciso. La chorradilla para el recuerdo: fui a darle un besito en la mano a Raquel, que iba detrás de mí sentada, y casi se lo doy a una muchacha que iba de pie en el pasillo, jajaja jajaja. Y ya en Bilbao, mucha gente por la calle, mucho de todo. Tomamos otra caña y nos despedimos en la estación de Abando, cada cual a su destino. Nosotros tres, la Tata, Raquel y yo, al barrio, en donde aún nos tomamos unas cervezas en la terraza de Mi Bodega, hasta que el persona del bar comenzó a recoger las mesas y pillamos la indirecta: a casa todo el mundo. En fin, que aún en casa nos echamos otra ORO en la terraza; menudos golfos. Todo hacía presagiar que la resaca sería de aúpa; pero esa es otra historia. |