 Lo tenía reservado, el espacio, lo tenía reservado para si el deseo fuera un explayarse y un dejar constancia de todo o de nada. Un domingo con las ventanas cerradas a cal y canto, con los ventiladores girando sin fin, con todas las opciones de frío calor que estuvieran al alcance. Se ha preparado una comida sencilla, a base de arroz basmati con tomate «albertino» y unos huevos fritos; el menú perfecto para soterrar en el olvido los excesos de alcohol y tabaco. Incluso yo, a primera hora, para atemperar las malas sensaciones me he dado el capricho de un gran plato de pasta integral con lata de bonito del norte; un desliz lo comete cualquiera, un resbalón, un «no lo haré nunca más». En fin. Tras el ajetreo culinario sólo quedaba el apalanque viendo tele y tecleando código asp en el PC, en el EditPlus, dejando pasar las horas sumidos en el frescor de las maquinarias del fin del mundo. A media tarde las muchachas de la selección de fútbol nos han dado la alegría de proclamarse campeonas del mundo, venciendo en la final a Inglaterra por 1-0, derritiendo la historia en un estadio ad hoc en el otro extremo del globo, en la ultrajada Australia. ¿No es irónico? España vence a Inglaterra en una final disputada en Australia. Mal lo hicimos en el pasado; mejor olvidar a los holandeses y mejor centrarse en difuminar a los ingleses, para traerlos al sentido común del tiempo pasado. Pero la historia juega inesperadas bazas y según transcurre el tiempo todo tiene el sabor de los presagios, o los augurios, como aquel que lee el futuro en las pepitas del pimiento que se deshace entre las manos... arrojo la verdad sobre la tabla de cortar, las diminutas semillas se alinean al azar y pintan ante nuestros ojos el devenir del futuro y el resplandor fugaz del pasado. Ya se sabe: el pasado siempre vuelve, aunque todos sepamos que esto no es así, que no existe la justicia divina, que no hay dioses; seamos claros, no hay divinidades que flotando en el éter organicen vidas con mano de sutiles metales. No, nada está escrito, nada es relevante, los astros giran , las estrellas explotan, los nebulosas de gas se arremolinan, la vida surge, la vida desaparece; incluso el polvo tiene su momento celestial, cuando se eleva y flota en el cosmos brillando en incandescentes colores, sonidos de ultratumba... |