Un domingo que amanece en Salamanca y que llega al cenit solar cuando los personajes asientan sus cuerpos sobre el ático de Santutxu; es decir, regresamos a Bilbao tras un largo y prolífico fin de semana en Salamanca. Un regreso con sabor acuoso, con nubes negras, charcos y humedades. Tiempos. Salida del apartamento Gaiarooms sobre las 9.30. Parada en el área de servicio de Briviesca sobre las 11:30. Llegada a Santutxu a las 13:15 aprox. Tiempo. En Salamanca el cielo es azul, sin nubes, la temperatura fresca y agradable. Por el camino el cielo se ve azul y veraniego, hasta aproximarnos a los desfiladeros de Pancorbo, donde el anuncio de un Mordor de andar por casa nos pone levemente en alerta. El descenso desde el puerto de Altube hasta los valles vizcaínos se hace bajo una espesa cortina de lluvia que me obliga a retener la velocidad del coche y a aguzar la mirada sobre la carretera y en los espejos retrovisores. En casa. En casa todo en orden, incluso huele bien. Para comer aprovechamos lo poco que dejamos en la nevera y el lomo fresco que traemos desde las tierras charras; y una buena porción de arroz basmati, el acompañamiento que nunca nos decepciona. Ah, y dos botellas de tinto... La siesta. Necesaria la siesta sin duda. Y no se me pregunte ni cómo ni cuándo Raquel se esfumó de casa para ir a plimplar con su hermana; el caso es que a eso de las ocho y pico de la tarde, y empapada de lluvia, aparece la chavala por casa, en un estado así así, con el transportín del gato y llevando dentro al susodicho, maullando desesperadamente, apestando a vómito y mojados ambos. Un desastre. El caso es que me deja con Indalecio y se vuelve para la calle, donde le espera Esther para continuar con la libación de la cerveza, una fiesta de cuyo fin de celebración aún no se conoce fecha. El caso es que me ocupo de todo el asunto: limpieza, gato, cena y tal; qué remedio. Y a las diez me acuesto, cansado del día y cansado de esperar a la nena, que aparece castaña a eso de las diez y media... Sin comentarios a esto último. Un día raro, pero sin más, como muchos otros. |