 Día especial: los Mendizaleak damos comienzo al nuevo curso montañero excursionando al Monte Santiago. La quedada es en Basauri, pero no en el 5 Estrellas que está cerrado por vacaciones -de hecho abre al día siguiente, cachisss-, sino en uno de los que hay antes de cruzar el puente sobre el río. Por allí llego yo el primero, y aprovecho el ratito de tranquilidad para comer un pincho de tortilla con un zurito. Al rato aparece Jon, y poco después Luis Carriedo, que tiempo hacía que no nos veíamos. Lo de Luis es un poco rayada y ha dejado de interesarme; quizás el paso del tiempo, quizás la madurez o la adultez, o lo que sea, el caso es que no sólo no me siento mal por el hecho de haber sido el causante de la retirada del chaval de nuestro grupo excursionista, sino que he de reconocerme a mí mismo que creo que ha sido positiva su ausencia, simplemente porque su personalidad y sus cosas producían una discordancia que es innecesaria; además, como dice Jon, él tampoco disfrutaba de nuestra manera de montañear -Jon es un pedazo de pan-. Un poco fuera del horario previsto hacen acto de presencia Patxi, MiJavi y Lasai; su tardanza es debida a que se pasaron de estación de metro... en fin, cosas de MiJavi. Lasai está totalmente recuperada del ataque que sufrió por otro perro; está delgada, con el pelo corto y muy guapa y cariñosa. Bueno, unos bocadillos de lomo con pimientos y al coche de Jon, camino del puerto de Orduña. No he mencionado que Arantza no ha podido venir, por mor de ocuparse de su madre, o más bien de la problemática de las cuidadoras, etc. Con Yolanda hemos quedado en el inicio de la ruta, en el último aparcamiento del largo camino de aproximación a la zona del nacimiento del río Nervión. La ruta ha sido muy muy relajada, sin cuestas, sin largos kilometrajes, sin las molestias del soleado día que pronosticaban los meteorólogos. Las hayas, el sendero sinuoso, las vastas vistas, las conversaciones aturulladas, el buen ambiente; todo perfecto. De los bocatas damos cuenta en una de las loberas, la que está ubicada junto a las esculturas de un lobo y un pastor, la más emblemática; y tragos a la bota de vino de Yoli. Terminada la caminata nos dirigimos a Orduña. Los excursionistas sientan sus posaderas en los soportales de la plaza: unas cañas siempre vienen bien, y más cuando las temperaturas y la humedad son elevadas. Son las dos y media cuando nos sentamos alrededor de una mesa los seis, y Lasai. El restaurante es el Rómulo. La comida es de menú del día; la peña pide variado, coliflor sobre crema de calabacín, mejillones en escabeche peruano, flamenquines, espaguetis en salsa Alfredo; en ese plan. En la cosa del comer es una de las situaciones en las que el personaje Patxi desentona. El muchacho tiene unos gustos culinarios de chico pequeño y mal comedor: nada de verduras, nada de salsas diferentes, nada de cosas "raras"; lo suyo son los macarrones, las pizzas, la carne de vacuno y esas cosas, y si le sacas de ahí tuerce el morro. Vamos que no se le puede llevar a un restaurante de los que nos gustan a los demás, de ésos que tienen menú degustación con platos que uno no sabe muy qué son y que se disfrutan mucho por lo sorpresivo e inesperado; ahí Patxi sufre. Por recordar, recuerdo cuando fuimos a los Canónigos, en Valpuesta, local al que vamos todas las veces que se puede, pues queda lejos, pues recuerdo que la vez que vino Patxi le hizo asquitos a casi todos los platos, y yo puedo garantizar que allí se come... de lujo. En fin, Patxi, el que quiso meternos por la puerta de atrás a OScar, al de Atxuri, y que me pidió "permiso" y que le dije que ni de coña; y que no me arrepiento para nada, de hecho pensé "es lo que teníamos que haber hecho cuando tú te autoapuntaste al grupo"... En fin también, Arantza fue su valedora y ante eso sólo me queda que aceptar de buena gana y con espíritu conciliador (aunque al pobre Patxi esta mi compañía sé que le supone en muchas ocasiones un tipo de incomodidad que no llega a desentrañar del todo -ésta es la cuestión más que nada-). En el viaje de regreso mi querido Jon me dejó en Santutxu, a tiro de piedra de casa, y se lo agradecí mucho: hacía un calor bochornoso y tenía el paladar seco y como de lija. Un miércoles de calidad superior. Y en casa... ducha, descanso y mimos a mi gatito precioso. Raquel llegó poco antes de mí...
El día de Raquel.- Voy a esquematizar, ella no es la protagonista, como es evidente, jejeje. Dos grandes temas: uno, la visita a su tía Terín al hospital de Basurto, donde está a la espera de quirófano para implantarle un marcapasos que termine de una vez con sus arritmias y palpitaciones; dos, visitar a Susana para que pongo fin a la tortura que sufre en una muela desde hace ya demasiado tiempo y demasiados antibióticos e ibuprofenos. De la cosa "uno" hay poco que añadir al hecho de que tiene hora para la intervención el jueves a las doce; ¿de la "dos"?, decir que la endodoncia ha culminado el primer asalto levantando el viejo empaste, limpiando el nervio y eliminando el pus, y el dolor por supuesto. Un día de mediana intensidad, o de gran intensidad si lo comparo con mis días laborables de las últimas semanas, los que yo más busco... la paz, Indalecio, Raquel, el cocineo, el marujeo, la paz... |