 Un día agradable y sencillo. Empezamos con Maite al otro lado del hiperespacio, en la zona castrense. Toca hacer piernas. Maite se ha puesto el mono de trabajo y no para de presentar innovaciones gimnásticas, muchas de las cuales nosotros representamos en modo esquema, es decir, a duras penas. Pero bien. Cuando ha terminado la clase mi espalda baja estaba tan excitada que cada vez que doblaba el espinazo me costaba un rato de intensa concentración paramental para recuperar la verticalidad, a ser posible evitando la zona oscura, la zona del Dolor Insoportable. Pero bien. Para rematar la faena, cuando ha terminado la clase me he subido a la elíptica y me he dado un garbeo por ningún sitio durante unos veinte minutos, cubierto de sudor y planes imposibles. Pero bien. Una ducha y al lío. Chino de mi china, BM para pechugas y embutidos, y frutería para patatas y calabacines. En donde mi china me he suministrado de dos capas de lluvia transparentes, una provisión de barritas de cola termolúdica y un rollito de cinta adhesiva multicara. Todo un repertorio de maravillosos objetos y apetitosos manjares. La comida. Crema de calabacín con flores de coliflor al dente. Y pechugas a la plancha. Sin más. La tarde. Sencillamente lo de siempre: vaguear y más vaguear. Esperar también al día de mañana, el miércoles, que ya está planificada la salida montañera, por la zona del Marinda; se informará por aquí. Raquel es muy inquieta, siempre tiene la sensación de que el tiempo se le escapa si no está haciendo alguna actividad de tipo actividad. Ha ido al gym a una clase de Tai Chi. Sin más. Ah, esta mañana ha salido al Decathlon de compras. Las compras. Unas gafas de piscina. Un bañador azul para nadar en la piscina. Unas zapatillas deportivas muy guapas. Y una camiseta de hacer clases. También ha recibido mediante Amazon unos cascos para la piscina, unos de ésos que suenan por la vibración ósea, o sea, jeje. Y poco más. Indalecio dando un poco por culo, todo el rato pidiendo algo de picar. La tía Terín, que se la suponía plenamente operativa tras la implantación del marcapasos que le devolvería la vida y el ritmo cardíaco, continúa sumergida en su océano de dudas, tristezas, rencores y mentiras; tal y como era de prever, en fin. Es un caso sin solución, luego no es un problema, sino una rayada. |