 Primer día en estas minivacaciones santelicianas. El chaval está ansioso por salir a la campa, y yo por subir a Paño. Raquel no tiene otro remedio y otro plan que conectarse a su portátil y ocuparse de sus cosas de coordinaciones telefónicas.
Pues eso, que en cuanto se ha desvanecido la oscuridad nocturna yo me he disfrazado de montañero y me he lanzado a los senderos. El día ha arrancado nebuloso y húmedo, con una temperatura suave y agradable, un sirimiri casi imperceptible y unas densas formaciones de nubes y nieblas bajas que ocultaban las laderas de la Cruz y las estribaciones de Dulla.
Al poco de comenzar a ascender por el sendero de la panadería ha tenido que echar mano de mi paraquitas enano, ya que el sirimiri estaba haciendo sus efectos y no era plan empezar la caminata empapado; además se apreciaba claramente que el día iba a estar despejado en un breve lapso de tiempo.
Todo era tan agradable... hasta que dejó de serlo: pasada la fuente empezaron a molestarme las quemazones en la ingle, y según continuaba caminando iban in crescendo y in quemando mucho. Hice un de tripas corazón y rematé la subida, crucé la valla y me interné en el bosquecillo maravilloso de acceso a Paño. La quemazón y el dolor iban a más, y, aunque me resistía a parar y dar la vuelta pues mi deseo era llegar al menos hasta la zona despejada bajo Dulla y de hecho llegué, bajo la carrasquita en la que una vez encontré níscalos (vi tres resecos) tuve que detenerme y dar media vuelta.
Se me hizo eterno el regreso, cada paso levemente forzado me producía una intensa quemazón en la ingle y un dolor en algunos momentos muy insoportable. Para poder caminar, muy despacio eso sí, opté por agarrarme con fuerte presión la zona inguinal y así camuflar y atenuar el dolor. En resumen, que fue un regreso inolvidable... Sin tomar respiro, me pongo ropa no de monte y en el coche pongo rumbo al Mercadona de Medina, a comprar suministros. La ingle me permite conducir y caminar por los pasillos del supermercado. Compro un montón de cosas, de las habituales, lo normal: cervezas, leche, cosas para Indi, verduras, aceite, carcasas y pechugas de pollo, y más cosas. Y regreso al pueblo.
El resto del día lo dediqué básicamente a recuperarme. Comimos en donde Radú: Raquel, alubias y pechuga; yo, ensaladilla y pechuga; los dos queso con membrillo de postre. Nos triscamos una botella de Viña Real y un cafelito con hielo y un chorrito de Baileys. Siesta y descanso hasta las seis y pico. Raquel coge la bici y se va pedalear por la Vía Verde, a estrenar el puente nuevo en el camino a Cidad; regresó como sorprendida de lo cansado que había resultado el paseo, jeje. De la cena se ocupa Raquel: vainas con patatas; riquísimas. Y a la cama a descansar por fin; unos vídeos canadienses, unas lágrimas de risa y a dormir.
Un día con un poco de todo: malo por el dolor y la irritación, y bueno por todo lo demás.
Nota Indalecio.- Le pringamos el cuello a Indalecio con la pipeta que compré ayer en el veterinario por 36 euros. |