 Como digo en el título "sin novedad en Santelices", este jueves ha dado pocos titulares, ya que la espadas siguen en lo alto en los grandes temas de estos últimos días: mis molestias inguinales no desaparecen, incluso por momentos parecen reverdecer y acojonar, Raquel sigue volcada en sus quehaceres telefónicos, y el famulio también va a lo suyo, con sus cosas de famulio. Quizás como novedad se puede señalar que se decide anular la convocatoria de este próximo fin de semana de toda la camarilla en Santelices para hacer el oso como sólo la camarilla sabe hacerlo; a mí no me apetecía una eme, y a Raquel, visto lo visto, pues tampoco. Ima se ha mosqueado un poco, pues ya tenía todo requete organizado... vino, cava, chistorras, pimientos asados, de todo. Lo cierto es que esa fiestorra hubiera sido demasiado tremenda, mis interioridades no aprecian ya esos excesos. Una buena noticia, y como novedad tampoco está mal... la novedad de que sea Raquel la que aprenda a decir NO. Las cosas cotidianas. A primera hora Raquel ha hecho abdominales con Maite; yo no, obviamente. También en las primeras horas de la mañana he cambiado la lámpara del techo del cuarto pequeño, colocando la que tenía Raquel en su despachito; la vieja la reservamos para llevar de vuelta a Bilbao, ya que parece que la quiere Amaia ¿?. Luego un rato descansando en la cama: la ingle ha estado aumentando el resquemor a medida que avanza la mañana. ¿La comida? Espaguetis integrales con bonito en aceite de oliva. Y siesta viendo videos canadienses. A media tarde nos ponemos un poco visibles y nos acercamos a la tienda de los uruguayos a comprar cuatro cosas y a conocer los últimos cotilleos del pueblo, como por ejemplo lo de la inesperada muerte del mejicano mexicano americano Gustavo, consecuencia de un cáncer de páncreas... Una caña en la terraza de Radú, un rato de charla con Araceli y a casa a cenar tortilla francesa con unos espárragos uruguayos. Araceli, por cierto, está muy satisfecha de cómo evoluciona su negocio; qué bien, me alegro por ella. |