 El día ha estado repleto de fuertes emociones, comenzando por la visita de Pe e Ima para arreglar la llave de paso del radiador del despachito, continuando con el cambio de llaves de paso de los otros cuatro radiadores, terminando en modo fiesta, comida y alcohol; antes del mediodía se apuntó la Tata a la comida y a la fiesta, jajaja. Bueno, todo muy bien. Los cambios de llaves han resultado ser providenciales, ya que casi todos ellos comenzaban a gotear si se les manipulaba; terminada la ñapa se puede afirmar con rotundidad que todo el circuito del agua de la calefacción ha superado con notable éxito las operaciones de mantenimiento y las pequeñas reparaciones, y nos hemos quedado con buen sabor de boca. Una vez despejado el escenario de las ñapas y preparado convenientemente el de las jamadas y las bebidas, nos hemos congregado los cinco alrededor de la mesa a despachar las viandas: champis guisados, presa ibérica a la plancha, patatitas de bolsa al microondas, hojaldres varios y mucho vino y muchas birras (y algunos petas...). La camarilla había traído su flamante y azulado Volkswagen Golf, pero el regreso pareció más prudente hacerlo en un medio más de vía estrecha, o ancha, o como sea, para evitar disgustos y sustos. Serían poco más de las siete de la tarde cuando han desalojado; en casa nos hemos quedado un buen rato más, los tres, Esther, Raquel y Alberto, los mejores, jajaja. Y del resto mejor no entramos en detalles, lo dejo a la imaginación de cada uno. |