En fin, que ya estamos en Can Ferrán, con toda la familia. Hemos descansado de cine, la habitación que nos han reservado es perfecta y el cielo luce azul y luminoso tras los cristales. Me he levantado temprano, fiel a mis costumbres. Tachón está en el comedor leyendo, escribiendo, dibujando, y tomando su cafelito mañanero. El resto de la gente va bajando poco a poco. Rubén ha venido a nuestro cuarto a jugar a lo bruto, como le gusta. Y así transcurre la mañana. Raquel y yo hemos dado un voltio por el pueblo, por los caminos que recorren los viñedos del Penedés. Y a eso de las 12 o la una, Tachón y el Fran se han dado el chapuzón prometido y comprometido; son unos valientes, jeje. Y... barbacoa con los elementos clásicos, incluso verduras. Y al mediodía macarrones con besamel y tomate; bien pasados y bastantes infantiloides, en fin. Una siesta y a jugar con los peques al pingpong y a esperar la llegada de la cena de Nochebuena, con sus villancicos y sus alegrías (y sus nervios: es noche de regalos ¡¡¡!!!)
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