 {https://amp.elmundo.es/opinion/2022/05/26/628e0caffdddffbb3a8b45c2.html} José Ángel Mañas es escritor. Aprovechando que se acerca el 1300º aniversario de la batalla de Covadonga, me ha dado por releer estudios clásicos que abordan el asunto de la invasión árabe del 711. Quizás el más controvertido sea el que parafrasea el título de este artículo, Los árabes nunca invadieron España, firmado por Ignacio Olagüe, y que vio la luz en Francia en 1966. Olagüe no era ningún iluminado sino un intelectual vasco, de sólida formación, que nació en San Sebastián en 1903, que cursó la carrera de Derecho en las universidades de Valladolid y Madrid, que trabajó en el laboratorio de paleontología del Museo de Ciencias Naturales, donde fue discípulo de José Royo; perteneció a la Real Sociedad Española de Historia Natural, participó en todo tipo de coloquios internacionales y fue vicepresidente de la Sociedad Internacional para el Estudio de las Civilizaciones. Un autor con una decena de títulos entre los cuales destaca, por su talante polémico, aquel del que hablamos, que está siendo republicado desde 2017 por la editorial, también muy seria, Almuzara. Lejos de ser una obra conspiranoica, el trabajo aborda la invasión de 711 con una perspectiva amplia, aplicando herramientas que van desde los de la propia disciplina histórica hasta las de la geografía humana o la climatología. Aunque resulta imposible resumir aquí todas las ideas que llenan las densas 500 páginas del libro, voy a entresacar las más polémicas. La principal es que la invasión árabe no fue invasión propiamente dicha -la invasión para Olagüe implica la existencia de un Estado fuerte que la sustente, y no fue el caso-, sino una emigración propiciada por un cambio climático que fue expulsando a las poblaciones de las zonas cálidas y empujándolas a las más templadas. Tariq o Taric, según la grafía olagüense, podría no ser un magrebí sino un visigodo de la provincia Tingitana que tenía el reino de Toledo en el actual Marruecos: provincia que no solemos contar junto con las seis continentales y que sería el equivalente africano de la Septimania visigoda en el sur de Francia. La participación del conde Julián, gobernante de Septem (Ceuta), en el traslado de las tropas de Taric, sería dudosa. Si contaba con cuatro navíos con capacidad de medio centenar de personas cada uno, tal traslado -muy complejo por las peligrosas corrientes que cohabitan en un brazo de mar tan estrecho en el que se juntan aguas atlánticas y mediterráneas- habría tardado, en el mejor de los casos, tres meses. El moro Muza o Musa Ibn Nasir, que es el otro gran protagonista de la invasión, directamente no existió. Digamos que, según las fuentes clásicas, tendría más de 70 años (!) en el momento de encabezar su ejército de 18.000 hombres, el segundo que llegó; algo que, por mera cuestión biológica, y más en aquella época, Olagüe considera imposible. La orografía española es otro argumento clave. El país es el más montañoso de Europa, y sus moradores eran conocidos por el carácter belicoso que ya mostraron ante los romanos. Para Olagüe, sencillamente, resulta imposible que en tres años y medio se haya conquistado un territorio que Roma tardó más de dos siglos en domeñar. Pero más allá de la invasión militar -a todas luces imposible según Olagüe-, lo más difícil sería esa islamización de buena parte de los 10 millones de habitantes que tenía el sur de la península, lo que pronto conoceremos como Al-Ándalus. Eso no se da de la noche a la mañana y resulta, según él, tremendamente complicado de explicar por la violencia. ¿Cómo sucedió, entonces? En primer lugar, la invasión militar que no hubo en el siglo VII sí la hubo unos siglos después, en el XI, con la llegada de los almorávides; esa es la verdadera invasión, según Olagüe. Es decir, que la primera invasión habría sido una de las diversas oleadas migratorias de magrebíes -que no hablaban árabe, pues no habían tenido tiempo de aprenderlo, recién islamizados como estaban- y, sin negar que hubiese alguna confrontación armada con el rey Rodrigo (la batalla de Guadalete), aquello no fue suficiente, a su entender, para imponer un gobierno, contando con tan pocos efectivos (7.000 hombres de Tariq), sobre el territorio. Lo que hubo, en cambio, fue una guerra civil entre trinitarios partidarios de Roma y unitarios, arrianos, que ya estaban listos para asumir las premisas, también unitarias, del Islam. Según Olagüe, el renunciar el rey godo Recaredo a la fe arriana y convertirse al catolicismo en nombre de su pueblo, no implicó ni mucho menos que todos sus súbditos le imitaran. También Enrique IV se convirtió al catolicismo y no arrastró con él a todos los hugonotes. En definitiva, aquella tradición unitaria tan arraigada en España fue el caldo de cultivo propicio para que se asumiera el culto del islam, mucho más sencillo y racional que el trinitarismo. En las zonas del sur ese credo se asumió voluntariamente, en un proceso de aculturación pacífica. No hubo imposición violenta, algo que prueba, refiere el autor, el que no impusieran autoritariamente los supuestos invasores su arquitectura a los vencidos, tal como suele hacerse. La cultura vencida no desapareció, como pudo pasar en América tras la conquista española. La mezquita de Córdoba, según la óptica de Olagüe, es fruto de una tradición propia, como prueba el uso del arco de herradura, ya presente en la arquitectura visigoda previa. La tradición historiográfica de la invasión vendría de Egipto, y de allí se habría extendido durante el siglo IX, llegando a la península ibérica. En esta línea interpretativa, cuando hablamos de los «árabes» en un siglo tan mal documentado como el VIII, Olagüe insiste en que serían bandas mixtas con predominancia magrebí, a las que se añadirían cada vez más habitantes sureños de la península, que los cronistas cristianos posteriores, los del norte, poco a poco habrían ido asimilando a «caldeos» e «islamitas», en función de sus ideas religiosas unitarias y heréticas. Esté uno o no de acuerdo, lo cierto es que una lectura tan polémica como esta en los tiempos que corren resulta estimulante y nos obliga a cuestionar convicciones y a desarrollar argumentos, lo cual siempre es positivo. Teniendo en cuenta que los días 27 y 28 de mayo voy a participar en unas jornadas en Covadonga sobre la batalla del mismo nombre, personalmente este libro me ha planteado nuevos interrogantes. Me he quedado con las ganas de saber qué podía pensar de Pelayo el autor. En todo caso, me parece uno de los análisis más valientes que he leído de todo lo sucedido en el siglo VIII.
P.151
P.156 Sincretismo arriano
P.176 Buscar información acerca de la islamización de Indonesia y de filipinas y en general de el sudeste asiático
P.162 La competición milenaria entre las civilizaciones semitas y las indoeuropeas
P.198 Se trataba de una crisis revolucionaria
P.204 Las civilizaciones del reno, del camello, de la miel.
P.211 Huntington El choque de civilizaciones
P.243 Igargar
P.243 Uadi Saoura Erg
P.274 Los 12 estilos principales de la civilización de los bóvidos en el Sáhara Central
P.278 Los ríos del Sáhara eran entonces navegables y los recorrían barcos parecidos a los que surcaban en Nilo.
P.280 Se sabe que los hicsos han traído carro y caballerías a estas regiones durante su conquista y dominación, desde 1780 a 1577 a.c.
P.283 Garamantes
P.295 Detalle de caminos empleados por los romanos para cruzar el desierto de norte a sur
P.297 Fue introducido el camello en el norte de África por Séptimo Severo; es decir, a fines del siglo II.
P.299 En el siglo XI, Mauritania estaba aún suficientemente regada para que se mantuvieran en su suelo pastos, rebaños y una población importante. Por esto ha podido iniciarse en estos lugares el movimiento almorávide.
P.301 La recolección de los caracoles... Se exportaban a todo el imperio (Romano)
P.309 ... a principio del siglo VIII, el hambre ha diezmado la mitad de la población...
La rivalidad milenaria entre las civilizaciones semitas e indoeuropeas Monoteístas unitarias las primeras, son polígamas; las segundas, trinitarias y monógamas.
P.312 (Intercambio de prisioneros entre bizantinos y musulmanes)
P.315 (sutilmente se define a dioses y a dios)
P.360 Oda a Salomón
... Un vaso de leche me ha sido ofrecido, Lo he bebido en la dulce suavidad del Señor. El Hijo es esta copa, El que ha sido ordeñado, es el Padre, El que lo ha ordeñado es el Espíritu Santo
P.521 El símbolo es obra de Dios (todo el párrafo)
P.708 La Génesis del mito de la invasión
P.780 Taric
P.934 Esquema de la evolución de las ideas que han cuajado en el mito a lo largo del siglo IX
P.942 el maravilloso capitel de San Pedro de la Nave que representa a Daniel en el foso de los leones [Ambiente apocalíptico, en el que la figura del Anticristo pasa de Nerón a Mahoma, por obra de los intelectuales de la época, IX, como Pablo Albaro de Córdoba, etc]
P.945 [...] el papel desempeñado por el Indiculus ha sido decisivo. Al asimilar la doctrina musulmana a la bestia del Apocalipsis, preparaba Álvaro los espíritus a la recepción de la leyenda inverosímil.
P.946 Están hoy día de acuerdo los exégetas en que un tiempo, dos tiempos y la mitad de un tiempo son tres años y medio; la mitad de siete que representa para los hebreos una totalidad, una schemita
P.948 El monje Vigila que redacta su crónica en el monasterio riojano de Albelda en 976
P.950 [...] pues hay que entender que la tierra de Gog es España bajo el régimen de los godos, que los ismaelitas han invadido a causa de los crímenes de este pueblo.
p.961 resumen...
P.975 Basílica de Cabezo del Griego, Segóbriga
P.984 San Miguel de la Escalada
P.989 El aprecio de los hispanos por estos motivos vivientes o imaginarios no puede ponerse en duda. Los dibujos esquematizados, los escorzos, las pinturas rupestres, paleolíticas o neolíticas, lo demuestran con evidencia.
P.1000 Iglesias con arcos de herradura... San Miguel de la Escalada, León. Santiago de Peñalba, León
P.1028 Alhambra y lo romano Muy interesante
P.1080 Mezquita de Kairuán
P.1129 Un final muy correcto, como cerrando el circulo |