Amanece Santelices a 1º; son las 9 y media y sigue luciendo 1º en el termómetro. Un día de campas escarchadas y cielo azul sin nubes. Nos sentimos animosos por lo que la subida a Paño se convierte en la opción del día; y Raquel añade que cuando bajemos, preparemos el equipaje y regresemos a casa para comernos allá la hamburguesa prevista; un planazo. Así que subimos a Paño. La tierra está congelada, pero arriba, donde los árboles ceden el terreno a las aromáticas y al brezo, el tiempo es agradable, la temperatura propicia desprenderse de los chambergos, la charca de la Fuente Fría está llena de agua y los zampaburus brillan por su ausencia. Son las 12 cuando iniciamos el regreso, pues el plan mañanero incluía unas rabas donde Ascen y se podría hacer tarde y terminarse las susodichas. Es la una menos poco cuando nos apalancamos dentro del bar, fuera pega fuerte el sol, y nos triscamos dos empanadillas cada uno, dos cañas cada uno y una ración de rabas por cabeza; de puta madre. El resto se ajusta al plan. Salimos del pueblo tras dejar la casa en orden. El Indi viaja en los brazos de Raquel y excepto mearse en la cuevita y por ende en el asiento (cosas de Raquel, lo de ponerle en la cuevita), el viaje lo hace el chaval portándose como un caballerete; es un primor, pasa nervios, tiene cierto grado de estrés, pero no tiene nada que ver con cómo de mal lo pasaba antes, cuando viajaba dentro del transportín; algo, o mucho, hemos avanzado, y las perspectivas son halagüeñas. En casa a eso de las cuatro y media. Hamburguesas cojonudas, mucho apalanque y a la cama antes de las ocho, a descansar y ver episodios de Chicote, que nos relaja y nos divierte. El fin de semana se lleva una nota de notable, que no es moco de pavo.
Notas.- Estrenamos funda nórdica de estampados rositas, superguay. |