.jpg) Amanezco cojito, pero tranquilo. Estoy ansioso por llegar al momento de estar en mi casa, en mi butaca, con mis cosas y mi paz interior, y exterior. A primera hora Raquel me sube una tortilla francesa de jamón y un café; con el estómago lleno me tomo la pastilla de Enantium. Las actividades corporales cotidianas se suceden en cierta armonía y periodicidad: cagar, mear, etc. Los flamenquis van desfilando por el ático a presentarme sus buenos deseos; esta mañana han organizado salida de relax hasta la playa de Laida, a nada en especial. En la cocina está Víctor atareadísimo preparando la comida del día: marmitako de rape y langostinos; un dulzón aroma a sopa de pescado nos envuelve y nos embriaga. |