De nuevo no hay mucho que contar. El hecho de no poder salir a caminar me pone en el punto de mira un foco reducidísimo de acontecimientos que reseñar; pero me la suda. Raquel cocina rabo a la perfección y yo, para hacer bien el vago, pongo todos mis empeños y todas mis habilidades en la consecución de una causa tan noble: el sublime arte de no hacer nada y aburrirse lo justo y necesario, lo imprescindible, lo inevitable. En el ámbito cultural, la lectura retomada en mi tableta digital de lectura. Estoy con Olagüe, recuperando el tiempo perdido. |