Me cuestan las palabras, no es mi mejor época, si es que se puede hablar de épocas en mi breve existencia; pero las hay. Esta época semanal, ésa que dio comienzo aquel fatídico baile que impulsó la mujer ondarresa, la Juana Badiola, ésa está marcada a fuego por la cojera que llevo sobre mi cuerpo, la que concentra el dolor en la articulación de la rodilla; son ya dos semanas lastradas y enojosas. Las palabras se esconden tras los múltiples ayes y tras las largas horas de monacal encierro. No hay grandes momentos que narrar; es así, qué se le va hacer. Si me propongo dar cuenta de lo acontecido este viernes, si bien no me quedo en blanco, es bien cierto que es muy poco lo que contar, quizás pequeños momentos, quizás grandes lecturas -eso sí-. Por eso, y para no olvidarlo, hoy he terminado de leer el libro de Olagüe; una maravilla que ha sembrado preguntas y misterios en el fondo fértil de mi pensamiento; sí, me va a dar mucho juego. Ahora la cuestión es encontrar un sustrato nuevo en el que plantar mi semilla; qué gran reto. |