A primera hora subo al coche y me planto en el pueblo: tengo cita a las nueve con la fisio. Me ha atendido Sara (la jefa es Judith). La sesión ha durado casi tres cuartos de hora; ha dedicado la mitad del tiempo a aplicarme ondas de radiofrecuencia en la rodilla con un aparatillo, el Indisa, o algo así; el resto del tiempo me ha masajeado, fundamentalmente el cuádriceps. Quiero aprovechar la estancia aquí para acudir semanalmente a tratamientos fisioterapéuticos. He contratado un bono de 4 sesiones que me costado 130€; creo que merece la pena, pero habrá que esperar a ver, aunque me he llevado una impresión esperanzadora. Al salir de la fisio he entrado al bazar de la plaza a comprar trastos variados; trastos como una sartén, un cazo, matamoscas, una papelerita para usar en la encimera de cocinar, pastillas para la barbacoa, y alguna cosilla más. Seguido al Consum a comprar víveres. Presa y lomo ibérico, jamón asado, verduras, cervezas, 3 botellas de blancos variados, helados, etc. Las cosas en el pueblo están todas en orden; ha sido muy placentero deambular por sus calles y comprobar el porqué de nuestro eterno retorno; una gozada. De regreso al cortijo hemos dado comienzo a un día de intensidad festivalera: baño en piscina, barbacoa, más baño en piscina, cervezas, vinitos, musiquita, etc. Un día genial. Para la barbacoa he acompañado a José Antonio a la alberca nueva a pillar unos ladrillos para acomodar la parrilla. Para el piscineo he hinchado todos los juguetes acuáticos que ha comprado Raquel antes de venir: colchonetas variadas y en ese plan. El hinchador eléctrico ha sido un acierto total; bien. Para quemar en la barbacoa: calabacines, longanizas y salchichas. Pues aún hemos comido decentemente; y bebido más de la cuenta. A media tarde nos hemos venido arriba y hemos hecho visita al Empalme, para cepillarnos un par de gintonis, que siempre es a la larga una mala idea, pero a la corta... jajaja. Lo he pasado genial; una buena manera de comenzar las vacaciones cortijeras. |