.jpg) El famulio come arroz en el Albaicín, en el KIKI, la terraza junto al Mirador de San Nicolás. El famulio come arroz en el Castaneda, instalados alrededor de un barril. El famulio come arroz en el Puerta del Carmen, en la plaza del Carmen 1, cómodamente apalancados al final de la barra, degustando buenos caldos, creo. Vencedor según mis gustos: el del Albaicín, el más sabroso y cremoso.
El plan era sencillo: nosotros pasábamos por Otura a recoger al famulio y poníamos rumbo al centro de Granada. Así se hizo. Dejé el coche en el aparcamiento de siempre, el Puerta Real. El día amenaza calor, pero a esa hora aún se camina sin agobios. Rebeca ha planeado subir al Albaicín por ese afán que lleva ella tan dentro de rememorar y revisitar; un afán que comparto, que incluso exagero. Nos lleva a una parada de microbuses que supongo ella habrá localizado en la red; pero yerra en el tiro, pues los del Albaicín salen de la Plaza Nueva (he preguntado a un conductor de un bus que estaba allá estacionado y así me lo ha indicado...). En la Plaza Nueva nos instalamos en un minibus que en unos minutos se peta. Arrancamos. Yo estoy disfrutando como disfruto yo: a tope. Bueno, todos disfrutamos. El conductor nos indica en una de las paradas que si deseamos ir al Mirador de San Nicolás que mejor bajemos; bajamos nosotros y un porrón de turistas. En el Mirador hay gente, no demasiada, y hay grupete gitaneando unas cancioncillas (pendiente subir video). Nos hacemos fotos y tal. Hay ganas de cerveza y tapa. Reculamos a la plaza. En la terraza del Kiki nos ponemos cómodos y nos triscamos las primeras Alhambras Verdes; ¿la tapa? arroz en modo paella, cremoso y con tropiezos; muy bien toda la experiencia, así que pedimos segunda ronda, como ha de ser. Segunda etapa: el Castaneda. Guio al personal por las callejuelas y plazuelas, buscando la mejor ruta que nos bajara a la calle Elvira. Así que por callejas y escalinatas descendemos en modo bastante abrupto y nos plantamos en la calle Elvira a pocas bocacalles de la del Castaneda. Soy un hacha; Rebeca protestaba un poco, porque en el fondo a ella le gusta dirigir y organizar, y en eso entramos en un leve conflicto; en ese territorio me declaro el guía más preparado, como así demostraron los hechos. En el Castaneda tenemos suertaza: un barril sin concurrentes bramaba ser ocupado por bilbaínos; allá nos vamos. Cañas y arroz de nuevo; el arroz un poco más flojo que el anterior, pero rico también, nada que objetar. Última etapa a propuesta de Raquel: el elegante restaurante Puerta del Carmen, el que nos suele gustar visitar cuando reculamos hacia el parking; un clásico de Raquel y Alberto. Ahí caen unas rondas de cañas y más arroz, y más tapas de queso etc. Muy a gusto también, ya calientes, ya más hablando a voces; lo clásico. Serían más de las tres cuando nos instalamos en el coche e iniciamos viaje de regreso a Otura. |