 Esto tuvo un título que ha sido modificado, pero reconozco que era bastante más ilustrativo: Que si sí, que si no... ¡¡¡Que viva la fiesta!!!. No me parece elegante dar demasiadas pistas, ponerlo facilón, no sugerir algún misterio oculto, no me parece elegante. [escrito desde el futuro de mañana, hoy es mañana, ayer fue hoy] Un día completito, un día de estilo malote, golferas, sinvergonzón; ¿un día para olvidar?, no, en absoluto, en todo caso un día de recuerdo esforzado, borroso, un día singular, un día perfectamente encajado en un molde que hace tiempo intenté romper sin éxito; y ahí seguimos, repitiendo la jugada, en modo moviola, donde no es fácil situar los acontecimientos por orden cronológico. Lo que amaneció con el clásico de Maite «No os veo, salgo y vuelvo a entrar» y que sirvió para dar fortaleza a los musculitos de la zona inferior, del ombligo hasta las uñas de los pies, se fue haciendo eco de los nubarrones y del calor sofocante (sin exagerar) y progresó a través de las copas de vino y la espuma de los grifos cerveceros; al menos una nota de cordura sí hubo: el receso para cocinar unas patatas con merluza y el reposo para comerlas; pero el cuerpo pedía más, más de lo que, para no caer a priori en el arrepentimiento, es mejor no someter a escrutinio moral, olvidar antes de ser. Creo que no es necesario regodearme en la inmundicia, por lo que un somero esquema general es suficiente para que con el paso de los años lo sucedido se convierta en una tierna anécdota de loca adultez. A media mañana Raquel dejó resueltos sus deberes profesionales y decidió que era el momento de ir a casa de Terín a recoger unas verduras que nos había dejado Nerea; me dijo «¿te vienes?», y me pareció una buena oportunidad para echar un pote, uno. Previo patatas con merluza: Piérolas y Bar Santutxu. Sobremesa Bar del Jamón en la Plaza Nueva, Bardaras, Mercado de la Ribera, Bar Maite en Solokoetxe. Tremendo despiporre, diversión etílica a cascoporro, y un amanecer confuso, borroso, espeso; por suerte para mí tengo una mujer que trastea en la cocina cuando los cuerpos anhelan el calorcito y el fresquito de las sábanas: se está fraguando una tortilla inminente, ¡qué gran solución!, la tortilla que mata todos los males, todos los remordimientos, todos los propósitos de enmienda... Estamos a salvo, la historia no se detiene, seguimos al pie del cañón, luchando a brazo partido, empinando el codo como auténticos gañanes, somos de esta manera y es inútil nadar contracorriente, una pérdida de tiempo, del tiempo que no se debe malgastar en lloros y lamentos, y así puedo seguir hasta aburrir a un muerto. |